domingo 13 de noviembre de 2011

CAMINO DE SANTIAGO

 

El pasado sábado recibí a un grupo de ochenta alumnos que, junto con sus profesores, regresaban tras hacer el Camino de Santiago.

 

Cansados pero muy satisfechos, seguro que nunca olvidarán esa experiencia. Rodeados de sus familias, los peregrinos formaron un círculo: unidas las manos, dieron  gracias a Dios por esos días pasados juntos, y pidieron los unos por los otros. Para que, en el camino de la vida, recuerden siempre de dónde vienen y a dónde quieren llegar.

 

Al inicio del Camino, días atrás, en la Eucaristía de envío, el sacerdote Ignacio Sánchez Galán les dijo algunas  cosas muy hermosas.

 

Quien hace el Camino, dijo, pisa por donde, antes de él, lo han hecho millones de hombres y mujeres, inquietos y buscadores, que no se han conformado con una vida ni una fe cómodas sino que  han salido de su tierra y de su vida de todos los días para encontrarse con Jesús, allí donde uno de sus apóstoles, Santiago, está enterrado. Les recordó además que, rumbo a Compostela, y mientras disfruta de la belleza del paisaje,  el peregrino camina también al interior de sí mismo y, en momentos de silencio y contemplación, se comprende mejor tal como es, y se acepta más; descubre sus talentos, y se compromete a cultivarlos para ser más  feliz y  para hacer que los demás también lo sean.  El Camino, añadió Ignacio,  es una experiencia de soledad que, sin embargo,  no hace del caminante un solitario. Como en la vida, se camina junto con otros, conocidos o no, pero siempre hermanos, complementarios; con los que hay tanto que escuchar y compartir.

 

Viendo a esos jóvenes  yo recordaba los versos de José Agustín de Goytisolo en su poema Palabras para Julia: "Nunca te entregues ni te apartes, junto al camino nunca digas, no puedo más y aquí me quedo". El Camino de Santiago: una hermosa metáfora de nuestra vida. Como dijo San Juan Crisóstomo: "Los Magos no se pusieron en camino porque vieron la estrella; vieron la estrella porque estaban en camino". ¡Ultreya!¡Siempre  adelante!

¡Indignaos!

 

"Frente a los peligros que afrontan nuestras sociedades es tiempo de decisión, de participación, de no resignarse. Es tiempo de democracia genuina. Tiempo de movilizarse, de ser actores y no solo espectadores impasibles, progresivamente uniformizados, gregarios, obedientes. Es hora de actuar".

 

Estas palabras son de Stéphane Hessel, berlinés nacido en 1917 que luchó contra el nazismo, y que logró sobrevivir al campo de concentración de Büchenwald. Tras la guerra fue uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Desde entonces, y hasta el día de hoy, sigue militando a favor de la paz. Su libro, "¡Indignaos!"(diciembre 2010), lo han leído millones de personas.

 

Recientemente he conversado con varios amigos sobre nuestra común preocupación por los momentos que estamos viviendo. Pensábamos que hemos perdido el rumbo; que es como si todo diera lo mismo. Y que si el presente es ya muy inquietante, da vértigo imaginar el futuro que dejaremos a las próximas generaciones.

 

Conocemos bien la realidad, y, por eso, no me detendré ni a llorar sobre ella, ni a describirla. Sí quiero decirles -y decírmelo a mí mismo- que frente al actual estado de cosas todos podemos y debemos hacer algo. Es evidente que quienes nos gobiernan y lideran tienen su parte de responsabilidad, pero es también cierto que, como dice Hessel, nos corresponde a todos dejar de ser simples y criticones espectadores. Debemos tomarnos más en serio nuestra condición de ciudadanos. Debemos reaccionar. Debemos actuar. El futuro es tarea de todos, y no hay recetas mágicas.

 

Hace veinte años surgió la ONG "Madre Coraje". Su fundador, Antonio Gómez, dijo que descubrir la injusticia que había en Perú le cambió, para siempre,  la vida. "He visto y he creído", decía Blas de Otero. La sociedad necesita que también nosotros "veamos", nos indignemos, y digamos que no es posible seguir así. Que creamos que somos capaces de hacer las cosas mejor, y que nos pongamos a ello. Que reaccionemos.

 

POURQUOI-PAS?


¡Hay que ver todo lo que se aprende en la consulta del dentista! El otro día, mientras esperaba, me entretuve leyendo un libro que hablaba de viajeros y exploradores. Entre otros apasionantes personajes encontré al francés Jean-Baptiste Charcot  que, hace cien años, surcaba con su barco las aguas de la Antártida. Junto al valor de aquellos hombres me llamó la atención el nombre de su barco:"Pourquoi-pas?". El"¿Por qué no?" terminaría sus días, años más tarde, cerca de Islandia, donde la sed de aventuras de su capitán le había conducido.

 

"Pourquoi-.pas?", extraño nombre para un barco, me hizo preguntarme si tenemos en nuestra vida una actitud semejante a aquel "¿Por qué no?". ¿Tenemos el coraje de atrevernos a hacer algo arriesgado, algo que se aparte de la rutina de todos los días? ¿Tenemos el valor de emprender algo nuevo cuando lo cotidiano parece no dar más de sí? En muchas ocasiones, creo que no. Otras veces, sí que lo tenemos. Acabo de ser testigo del valor de unos padres que, por amor a su hijo, se han atrevido a tomar una decisión difícil y arriesgada: cambiarle del Colegio en el que estaba, a pesar de apreciarlo mucho, para ver si en otro nuevo algunas cosas le iban mejor al niño. ¡Chapeau! Como este ejemplo, seguro que entre nosotros, y sin tener que irnos a la Antártida, podemos encontrar y protagonizar actos semejantes.   

 

Alvar Gómez de Castro, allá por el siglo XV, decía: "No es vencido aquel que sobre su defendimiento, no mostrando cobardía, hace lo que puede hasta que el aliento y la fuerza le falta y cae a los pies de su enemigo; que vencido es aquel que deja de obrar lo que hacer podría por falta de corazón".

 

Leía hace poco una frase que me gustó y no tardé en incorporar a mi colección: "Son muchos más aquellos que renuncian, que los que son vencidos". ¿Será verdad? ¿Nos faltará ese coraje de atrevernos a decir: "¿por qué no?", y ponernos en marcha?   Probablemente a nuestras vidas, y a nuestra tierra, ese espíritu nos vendría muy bien. 

PUNTUALIDAD

Don Luis, el cura del pueblo durante cuarenta años, se iba a jubilar y los vecinos le quisieron hacer un homenaje. Invitado a hablar, dijo lo agradecido que estaba a todos y  lo mucho que, con el paso de los años, había llegado a quererles. "Y eso que no pude empezar peor". Y añadió: "La primera persona que confesé nada más llegar  me dijo que había matado a alguien; que robaba todo lo que podía a sus vecinos; que había tenido relaciones con la mujer de un amigo; que tomaba drogas, y que pegaba a su familia. Cuando escuché eso me horroricé y me pregunté adónde me había mandado el Obispo. Luego,  al conoceros, he visto que sois unas personas maravillosas". Al terminar de hablar, todos le aplaudieron.

 

En esto, llegó el alcalde que era muy desordenado y nunca llegaba a tiempo a los sitios. Él también quiso sumarse al homenaje y pidió la palabra. "Muchas gracias, don Luis, por todo lo que ha hecho por nosotros. Y permitan que les diga, con orgullo, que yo fui la primera persona del pueblo que se confesó con él".

 

Señor alcalde, ¡no conviene llegar tarde a los sitios!

 

Conocí a un alemán que, por razones de trabajo, viajaba con frecuencia a América del Sur. Contaba que cuando convocaba una reunión decía que empezaría "entre las cuatro y media, y las cuatro treinta". Y, aunque al principio le costó que aceptasen su sistema, llegó a lograr que los que iban a verle se acostumbraran al mismo.

 

Pregunté, recientemente, a un profesor de inglés cómo se diría en su idioma: "primera convocatoria a las cuatro, y segunda a las cuatro y media". Me dijo que eso no existía en inglés. Que si la reunión es a las cuatro, es a las cuatro. Y punto.

 

Ser puntuales. Educarnos en la puntualidad. Para llegar a  tiempo. Para entregar trabajos y cumplir la palabra dada. Puntualidad: una asignatura demasiado pendiente entre nosotros, pero que, como otras muchas, también podremos aprobar si lo queremos. Aunque, como se ha dicho, ¡lo malo de ser puntuales es que nunca haya nadie para apreciarlo!

HACIA DÓNDE MIRAR


Etsuro Sotoo es un escultor japonés que lleva trabajando desde 1978 en la fachada del Nacimiento del Templo de la Sagrada Familia de Barcelona.  Para ser lo más fiel posible al proyecto inicial del edificio,  Etsuro estudió planos, bocetos y otras obras de Gaudí, sin acabar de encontrar la inspiración que buscaba. Lo logró, finalmente. Lo cuenta en su reciente libro, "La libertad vertical. Conversaciones sobre la Sagrada Familia". Dice: "Quería ser fiel al espíritu de Gaudí, penetrar su esencia. Después me di cuenta de que, aun con toda mi buena voluntad, solo podía llegar hasta cierto punto. Entonces me di cuenta de que no debía mirar a Gaudí, sino mirar hacia donde él miraba".

 

Mirar hacia donde él miraba. Leyendo esta frase recordé, de inmediato, lo que Shakespeare hace decir a un personaje en su obra "La Tempestad": "Estamos hechos de la materia de nuestros sueños". Si se quiere conocer cómo es una persona, miremos donde mira, observemos sus sueños.

 

Tal vez en la actualidad no tengamos a nuestro alrededor personas de la talla de Gaudí, pero seguro que hay otras muchas que merece la pena que observemos y miremos  hacia donde miran. Recientemente, en este mismo Diario, Isabel Gavilán recordaba que hay jóvenes comprometidos por conseguir un mundo más justo; o que marchan como cooperantes para llevar esperanza a rincones olvidados del planeta; o que, como inmigrantes,  arriesgan sus vidas para llegar entre nosotros y aliviar su pobreza y la de sus familias. Merece la pena, sin duda, mirar hacia donde esos jóvenes miran; y, como a ellos, mirar a tantas otras personas cuya vida es una fuente de luz, de alegría y de esperanza para los demás. ¡Ojala nuestra vida pudiera ayudar a quien mire donde nosotros miramos!

 

¡Gracias, don Antonio, nuestro obispo emérito, por haber sabido mirar hacia lo mejor del Evangelio: el amor, la solidaridad y el servicio! Con ilusión esperamos a don Rafael, el nuevo obispo, para que nos oriente, también él, con su vida y mirada.

6 MIL MILLONES DE OTROS


 

 

Recientemente he visitado en San Sebastián la Exposición "6 mil millones de Otros". Magnifica. ¡Ojala la pudiésemos ver en Cádiz!  

 

En la exposición no había ni cuadros ni esculturas. Eran 14 tiendas de tela blanca en cuyo interior había una pantalla en la que personas de todo el mundo -en su idioma, pero con subtítulos en español- hablaban de ellos mismos, de la familia, de sus primeros recuerdos, de sus miedos, de la felicidad, del sentido de la vida, del amor, de la mujer, de los padres, de la risa, del llanto, de la libertad, de las diferencias, del perdón, del clima…Un proyecto que inició en 2005 Good Planet, organización dedicada a la protección del medio ambiente. Su fundador, Yann Arthus-Bertrand, dice: "Somos más de 6 mil millones de personas en la tierra, y no habrá desarrollo sostenible si no conseguimos vivir juntos. Hoy, la única posibilidad que nos queda es ir al encuentro del Otro, escuchar al Otro. Comprenderlo. Porque en todas las batallas que nos esperan, ya sea la pobreza o el cambio climático, nos necesitamos unos a otros". 

 

5.600 entrevistas. 78 países. Once horas de grabación, con preguntas como: "¿Qué le gustaría transmitir a sus hijos?, ¿Con qué soñaba de niño?, ¿Con qué sueña hoy?, ¿A qué ha renunciado?, ¿Tiene enemigos?, ¿Por qué?, ¿Por qué razón mataría a alguien?, ¿Por qué razón daría su vida?, ¿Qué es el dinero para usted?, ¿Por qué los hombres se declaran la guerra?, ¿Le gusta su país?, ¿Ha pensado alguna vez en irse de él?, ¿Rinde cuentas a un Dios en su vida de todos los días?,  ¿Qué cree que nos espera después de la muerte?, ¿Me puede recitar alguna oración?, ¿Qué le gustaría cambiar en su vida?, ¿Cuál es el mayor enemigo del hombre?, ¿Cuál es el mayor amigo del hombre?, etc.". Escuchar a esas personas fue una experiencia apasionante.

 

 Mientras iba de una tienda a otra pensé que la Diputación Provincial de Cádiz, con su claustro y sus patios, era el espacio perfecto para esa exposición. ¡Queda lanzado el reto!

 

 

 

NUEVA ETAPA, NUEVOS RETOS

Un amigo, que viaja con frecuencia a Seúl, la capital de Corea del Sur, me dice: "Cada vez que voy, hay un nuevo puente". La ciudad, dividida por un río, no deja de crecer, y para hacer frente a sus nuevas necesidades las autoridades construyen un puente, y luego otro y, si hace falta, otro más.

 

El 11 de junio, en Cádiz como en el resto de los ayuntamientos de España, ha comenzado una nueva etapa política. Frente a los muchos desafíos que nos esperan, ojala también nosotros, autoridades y gaditanos, estemos dispuestos a construir nuevos puentes. Los que hagan falta: puentes entre el gobierno municipal y la oposición; entre el Salón de Plenos y la ciudadanía, etc.

 

En el Salón de Plenos del Ayuntamiento, el pasado sábado, los legítimos representantes de los ciudadanos de Cádiz se comprometían, con la ciudad y con nosotros, a trabajar lo mejor que puedan  los próximos cuatro años. Al mismo tiempo, pedían la colaboración y el compromiso de todos los gaditanos porque ellos solos no pueden lograr lo que Cádiz necesita. Mientras, frente al Ayuntamiento, un grupo de ciudadanos planteaban problemas a los que, sin duda,  hay que hacer frente con urgencia. Tampoco esas personas, solas y al margen de las instituciones, podrán conseguir lo que reclaman. Quienes tal vez por tener más años sabemos lo que es vivir sin democracia, tenemos la obligación de recordar a los que se la han encontrado como un dato adquirido, que la democracia, por imperfecta que sea, es lo mejor que tenemos; y que los males de la democracia se curan con más democracia, respetando las instituciones y haciéndose  presente en ellas. Siendo creativos para encontrar fórmulas que hagan más auténtica nuestra democracia y la vida de nuestras instituciones; pero sin saltos en el vacío.

 

Para gobernar, el Salón de Plenos necesita de la Plaza de San Juan de Dios; para hacer reales sus sueños, la Plaza necesita de ese Salón. Construyamos puentes, sí. Pero estando cada cual donde le corresponde..org