martes, 30 de noviembre de 1976

La hospitalidad como deber cívico

La hospitalidad como deber cívico

Por Javier Anso Bernard

Publicado en Diario de Cádiz el 30 de noviembre de 1976

En los últimos días, y tanto desde las páginas de DIARIO DE CADIZ como desde otras tribunas, se ha hablado de la casi imposibilidad de encontrar en nuestra ciudad, locales en donde celebrar actos culturales o políticos.

El problema es conocido. No es que en Cádiz no existan esos salones de actos, patios, polideportivos, cines, etc., donde dar acogida a quienes vienen a enriquecernos a todos con su aportación cultural o con su programa político y social. Esos locales existen. Pero no se prestan. A muchos nos consta de las angustias de más de un grupo organizador de semejantes actos al ver que la conferencia, por ejemplo, ha sido autorizada, el conferenciante está ya casi en camino… y no hay local en Cádiz que quiera albergarlo.

Y pasa lo que pasa. Que cuando una entidad, creyendo cumplir así un deber para sus conciudadanos, cede sus instalaciones, es señalada con muchos dedos, anónimos y en ocasiones insidiosos. Y antes o después, "se queman". Y es que hacer la guerra en solitario es muy digno y, en ocasiones, obligado. Pero al que la hace, nadie le arrienda la ganancia….

Quiero, al comienzo de este artículo, dirigirme directamente a todos aquellos que tanto en colegios, como Institutos, Universidad, cines, centros culturales, parroquias, polideportivos, etc., han tenido a van a tener en el futuro que decir un "SI" o un "NO" a quien venga a solicitar de ellos un local.

El único titulo, sencillo por demás, que me faculta para hacerlo, es haber intentado, junto con mis compañeros de trabajo, contestar "SI" a esa pregunta, siempre que me ha sido posible, en los cinco últimos años en que he sido subdirector del Colegio Mayor Chaminade. "SI" a "unos y a otros". "SI" a aquel digno conferenciante que empezó su charla diciendo "Yo soy un hombre del 18 de julio", y "SI" a aquéllos que son y se han manifestado como liberales, socialistas o comunistas.

Con este sencillo título, repito, me permito dirigirme a los señores antes mencionados.

El mejor modo de hacer posible un futuro de concordia, de serenidad, de trabajo común y solidario para nuestro país, es sustrayendo de la calle lo que se deber hacer en torno a una mesa o desde un estrado. Sustituir –como medio principal de entenderse- la calle, por el sosiego de quien expone unas ideas, siendo escuchado con respeto y sin imponentes abucheos, y de quien, desde el público, con el mismo derecho e idéntico respeto, expone en el diálogo las suyas.

La democracia no se improvisa. Supone un hábito de escuchar, de saber ceder, de esperar, de colaborar… La democracia no se improvisa. Pero la democracia se obstaculiza. Siempre que no se favorece, se dificulta o se imposibilita a quien quiera dirigirse a sus conciudadanos con sus propuestas de solución o de camino para un mañana mejor… se está obstaculizando ese mañana.

El momento presente, nuestra responsabilidad para con él y para con el futuro, nos exige a todos un esfuerzo por "estar a la altura de las circunstancia". Nuestro país necesita un nuevo rumbo, y este no va a producirse sólo ni preferentemente, en las más altas instancias del poder. Todos podemos y debemos hacer algo.

Todos podemos ayudar a hacer brotar entre nosotros la flor bendita de la tolerancia, que tan mal ha resistido en el pasado el aire de nuestro país. Los historiadores comparan, con tristeza supongo, el simbolismo profundo encerrado en las lápidas mortuorias de Fernando III el Santo y de los Reyes Católicos. La del Rey santo, escrita en castellano antiguo, hebreo y árabe, como convenía a un Rey "de los tres pueblos y de las tres religiones" que en paz convivían. La de los Reyes Católicos. En magnifico y cruel latín, recordando que quienes allí yacían eran los "sometedores de la secta mahometana, aniquiladores de los perversos herejes…". Consuela pensar que es aquél y no éstos, el santo patrono de la juventud española. La tolerancia sobre la persecución. La concordia sobre la exclusión del discrepante….

Esta es la tarea de ayer y de hoy. Optar por una o por otra está al alcance de nuestra mano. Negar el pan, la sal y –perdonen el ripio- el local, significa optar. Prestarlo, también. La responsabilidad es grande. El pasado de nuestro país registra demasiados enfrentamientos frutos de la intolerancia. Las dos España casi nunca se han entendido. ¿Estarán condenadas a enfrentarse de nuevo? ¿Sonarán, nuevamente, en nuestra tierra, las palabras triste del poeta español "¿por qué otra vez el hombre de sangre se emborracha"? No lo sé. Pero sí que quien siembra vientos, recoge tempestades. Y que quien siembra paz y respeto tal vez llegue a cosecharlas. ("Si vis pacem para pacem". "Si quieres la paz, prepárate para la paz" está escrito en la Universidad de Lovaina).

Mi petición es clara. Digan que "SI" cuando les pidan un local. Recuerde, y disculpen mi atrevimiento al decirlo, que antes que conservadores de edificios –y hay que exigir buen trato a lo que prestamos-, debemos ser educadores en la paz, el diálogo y la concordia. Que antes que celosos guardianes de inmuebles o de famas, debemos ser celosos sembradores de acogida y confianza.

Este ruego que les formulo comporta un riesgo. Pero también, y quién sabe si no mayor, es un riesgo ignorar las necesidades del hoy y del mañana.

De todos modos, y por realismo, esta política de préstamo de locales debe tener un límite: que el acto en cuestión haya sido autorizado por las autoridades competentes. Y no por que éstas, a veces, no prohíban actos perfectamente válidos y necesarios; sino porque es triste que, a veces, nosotros seamos "más represivos" que aquellas, e impidamos lo que ellas han permitido.

Si hubiera locales que se abrieran también para actos no autorizados, vaya mi aplauso para aquellos, si los actos están dirigidos a una mayor justicia. Pero creo que, por realismo, este comportamiento no puede ser exigible a cualquiera. No así en el caso de actos autorizados, en que diría que casi lo es.

Se pensará que no son los actos políticos o culturales, los primeros sobre todo, los más adecuados para salones de actos de colegios, institutos o polideportivos… y que los organizadores se busquen otros locales. De acuerdo, ¿pero qué locales? Si hubiese donde elegir, la objeción sería válida. Pero si esos "otros locales" no existen, no puede oponerse aquella. Por eso, yo invitaría a que desde ahora mismo, los locales se empezasen a prestar. Con control, pero con generosidad. El hacerlo es urgente y necesario. El negarse, grave.

Pero esta situación no puede seguir así, indefinidamente. Las entidades privadas no pueden, para siempre, sustituir con buena voluntad lo que es obligación de las autoridades públicas. Estas deberían haber previsto, y no lo han hecho, ese o esos grandes locales donde los ciudadanos puedan, con libertad, reunirse. Si no, de poco sirve el proclamar unos derechos que luego no van a poder ejercerse por falta de medios…

Conozco, por la prensa, el estado de las finanzas municipales aunque a decir verdad no me explico, como casi nadie porque a nadie se le ha explicado, cómo se ha llegado a tan calamitosa situación. Según eso, ¿es éste el mejor momento para lanzarse a la construcción de un centro cívico? Tal vez no, pero cuando la necesidad es urgente, "hay que sacar fuerzas de flaqueza" y "arrimar todos el hombro".

Propongo que el Ayuntamiento de Cádiz estudie la posibilidad de construir a la mayor brevedad posible y en alguna zona de expansión urbana, un gran local con capacidad para unas dos o tres mil personas sentadas. Si no cabe pensar en una gran obra, que se construya una especie de gran nave de fábrica a base de elementos prefabricados. Y que no se diga que eso es poco digno para Cádiz. Dejémonos de tonterías. Poco digno es lo de ahora: que no hay nada. Recordemos aquello tan repetido "en arquitectura, lo más estético es dar una casa a quien no la tiene". Que se puede más, mejor. Que no… a la construcción del gran centro cívico prefabricado.

Creo que en años anteriores el Ayuntamiento de Cádiz ha vendido lotería de Navidad destinando los beneficios a la reparación de la Catedral. Sin pretender entrar en el tema, pienso si no sería más urgente y útil el orientar esa acción u otras posibles, para la financiación de ese centro cívico. Pienso que la iniciativa ciudadana debe sentirse interpelada por este llamamiento y aportar sus ideas, su dinero y su entusiasmo para que el proyecto sea posible y aquella necesidad de LOCALES PARA LA DEMOCRACIA, sea resuelta.

La idea queda lanzada.

Pero, y recordando que esta nota va dirigida también a los responsables de los locales que hoy existen, les diré que mientras llega ese centro cívico, su responsabilidad es indeclinable. Hoy por hoy, la tolerancia pasa por sus locales. Hoy por hoy, la hospitalidad es un deber cívico, y no solo por acoger a "los nuestros", sino a todo aquel que con respeto y honradez llame a nuestras puertas. Los derechos humanos se proclaman y defienden así, más y mejor que en grandilocuentes discursos o asambleas.

Termino con las palabras de un amigo, viejo filósofo y maestro de tolerancia: "no estoy de acuerdo con lo que dices, pero haré todo lo que esté en mi mano para que puedas decirlo" Bendito sea. Ojalá que sus palabras sean siempre escuchadas.