TREINTA AÑOS DESPUÉS
Sr. Director
El Diario de Cádiz del pasado 22 de junio informaba del acto celebrado en la Asociación de la Prensa para recordar cómo fue la transición en Cádiz. Quiero, antes que nada, felicitar a los organizadores de ese magnífico encuentro.
Hay una anécdota de aquellos días que creo que es muy poco conocida y que puede ser interesante divulgar. El 16 de julio de 1976 se celebró en el Colegio Chaminade - San Felipe Neri, un acto para pedir la amnistía para los presos políticos del franquismo. Era la primera vez desde la guerra civil que se presentaban ante los gaditanos los partidos políticos, sindicatos y asociaciones que, en la clandestinidad, se oponían a la Dictadura y trabajaban juntos por la Democracia. Ese acto acabó con la detención de los 12 representantes políticos y sociales organizadores del acto, que, tras pasar la noche en la Comisaría de la calle Isabel La Católica, fueron llevados la mañana siguiente al Juzgado, en Puertas de Tierra, a prestar declaración. Allí cada uno tuvo que decir quién era y a qué fuerza política representaba.
La sensación entre los detenidos era que iban a ser puestos en libertad ya que la víspera el Gobierno del Presidente Suárez había sorprendido al País anunciando su intención de conceder la amnistía. Sin embargo, había un problema: una cosa era la contradicción que suponía el detener a quienes pedían lo que el propio Gobierno había manifestado desear, y otra el hecho de que los partidos políticos no estaban aún legalizados. En concreto, el Partido Comunista de España no lo estaría hasta muchos meses después, el 9 de abril de 1977, por lo que se vino a decir a los detenidos que todos serían puestos en libertad menos Rafael Gómez Ojeda, representante del PCE.
La anécdota que quiero que se conozca es que el resto de detenidos dijo: "O todos, o ninguno", y que si hacía falta, declararían al unísono: "Todos somos comunistas". No fue necesario: poco después todos salían a la calle, unidos y contentos, y, creo recordar, se fueron enfrente del Juzgado a tomar una cervecita para celebrar todo aquello.
No se trata hoy de intentar reproducir aquel espíritu, fruto de circunstancias muy distintas, pero, tal vez podríamos hacer algo para disminuir la crispación existente, y ante los serios problemas que tenemos, tratar de trabajar algo más unidos. ¿Qué tal la posibilidad, por ejemplo, de aceptar alguna idea o aspecto del programa político de otro partido distinto del mío…porque también en los demás puede haber algo bueno? ¿Utópico? En Alemania han ido más lejos y no parece que estén arrepentidos. Ese tratar de integrar lo mejor de unos y de otros funcionó en España hace treinta años; ¿no sería bueno que funcionara también hoy? ¿Difícil? ¿Es que solo somos capaces de hacer lo fácil?
Javier Anso
