lunes, 17 de noviembre de 2008

¿ME HABRÁ LEÍDO?

“Escribe sobre la crisis algo que nos anime”, me decía un amigo. Acepto el reto, y comienzo diciendo que esta crisis, que es muy dura, pasará. Saber que todo túnel tiene salida, nos da otra perspectiva. Mi primera reflexión es que sobreviviremos a la crisis.

La segunda es un deseo: ojala la crisis nos enseñe a vivir de otra manera, controlando nuestros gastos; distinguiendo entre necesidad y capricho; renunciando a algo, o aplazándolo. La crisis nos ayudará a convivir con el “no”, y a explicarlo. A veces, decir “no” a un hijo, es una forma de decirle “te quiero”.

Vivir en tiempos de crisis supone reforzar la solidaridad: en familia, con los amigos, con los que no conocemos. Invita a quien no está tan mal, a compartir con quien lo está pasando peor; y a quien salió de la bonanza con reservas, a invertirlas para reactivar la economía. Obliga a los poderes públicos -y a toda la sociedad- a unirse para asegurar el derecho al empleo, la vivienda, la protección social.

Mi tercera sugerencia es una invitación a mirar más allá. En el mundo, cientos de millones de personas viven no en crisis, sino en la miseria. “¿Habrá vida antes de la muerte?”, se preguntan. ¡Ojala los líderes del mundo, y nosotros con ellos, dejemos de adorar al oro del becerro de oro! ¡Ojala nos demos cuenta que los ricos debemos vivir más sencillamente para que los pobres puedan, sencillamente, vivir!

¿Saben que en chino la palabra crisis está formada por dos caracteres: peligro y oportunidad? Toda crisis es un peligro pero también una oportunidad: ¿sabremos aprovecharla?

En Estados Unidos dicen que “american” termina en “I can”. La elección de Obama da esperanza, entre otras cosas, porque el lema de su campaña no es “I can” “sino “We can!”; no “yo puedo”, sino “¡nosotros podemos!” Al escuchar sus palabras a favor del diálogo, del atreverse a soñar y trabajar juntos, descubro sospechosas semejanzas con lo que yo he escrito en este Diario. ¿Me habrá leído?

Hasta dentro de dos semanas.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Puertos, puentes y aeropuertos

En una reunión en que se hablaba del futuro de Cádiz se dijo que debíamos pensarlo junto con San Fernando, Chiclana, Puerto Real y El Puerto de Santa María. Se recordaron también los muchos pueblos que nos han visitado a lo largo de los siglos.

De pronto, alguien dijo:” Fenicios, romanos, y árabes, ayer; alemanes, franceses, y japoneses, hoy. ¿Qué tendrán Jerez y los jerezanos que ni aparecen entre las poblaciones con las que Cádiz debe pensar su futuro; ni entre los pueblos con los que ha podido convivir en el pasado?”.

Lo recordé al saber que en Jerez no gustó la idea de cambiar de nombre al aeropuerto. Lo comprendo. El cambio, que deseo, solo se logrará como fruto del diálogo y entendimiento entre las dos ciudades, no antes.

Actualmente, ¿en qué mesa dialogan Cádiz y Jerez? Más aún: ¿creemos que ese diálogo es necesario? ¿Pensamos que uniendo dones y esfuerzos nos iría mejor? Los simpáticos gritos de bienvenida al Xerez CD en el Carranza – y los del Chapín – ¿son todo nuestro diálogo? Si pensáramos juntos lo mejor para las dos poblaciones, el Aeropuerto se llamaría “Jerez-Cádiz”, y el Puerto, “Cádiz-Jerez”; y no pasaría nada malo: al revés, ¡pasaría mucho, y bueno!

Dialogando lograremos acuerdos, no así repitiendo:” De Jerez –o de Cádiz– ¿puede salir algo bueno?”. Tampoco pidiendo a nuestras alcaldesas que dialoguen más y mejor pero sin que nosotros, jerezanos y gaditanos, estemos dispuestos a hacerlo.

Pedro y Luis eran hermanos. Un río separaba sus casas. No se hablaban. Un día, llegó un hombre. “Busco trabajo”. ”Haz un muro; no soporto ver a mi hermano”,dijo Pedro. Acabada la obra, ¡era un puente! Pedro iba a gritarle cuando vio a Luis al otro extremo del puente. Los hermanos comenzaron a caminar, y en medio del puente se abrazaron.

No vieron más al albañil. Dicen que va por los caminos, construyendo puentes. ¡Ojalá viniera por aquí! ¿Se imaginan un puente entre Jerez y Cádiz? ¡Sería de Guinness!

Hasta dentro de dos semanas.