lunes, 23 de febrero de 2009

¡En pie todo el mundo!

Un amigo visitaba con su hijo Javi, de ocho años, el castillo de Cuellar. De pronto, se escuchó: “¿Alguien habla inglés?”. Sin dudarlo, y con su mejor sonrisa, Javi levantó la mano, y dijo “¡Yo!”. Ante el estupor general, el padre aclaró: “colores y números”.

Escuchando la presentación de los muchos proyectos que se están programando en Cádiz de cara al 2012, me convencí de que estamos ante un gran acontecimiento que, bien aprovechado, puede suponer un antes y un después para la ciudad.

Mientras escuchaba -y mientras suplicaba que las Administraciones implicadas sean capaces de apoyarse mutuamente para que todos esos planes salgan adelante-, me preguntaba si el 2012 es también un proyecto de los gaditanos de a pie, de la sociedad gaditana. De momento, no tengo la impresión que hayamos adoptado el 2012 con ilusión y con ganas de implicarnos en el mismo. Como si pensásemos que es “algo de las autoridades”. Deseo equivocarme, claro está, pero creo que nos ayudaría el saber qué están pensando hacer las diversas entidades ciudadanas: Colegios Profesionales, Universidad, Colegios e Institutos, Iglesia, Asociaciones Empresariales, Sindicatos, Medios, Ateneo, Casino y Academias, Asociaciones de Vecinos, Cofradías y Hermandades, ONG, el mundo del Carnaval y del Deporte, etc. Queda tiempo, pero si no empezamos ya, tal vez también los ciudadanos, y no solo las grandes obras, podamos llegar tarde a la cita. “¡Qué pena que por pensar que puedes hacer poco, no hagas nada!”, decía Burke. Sabia advertencia.

El 2012 es tarea de todos. “¡En pie todo el mundo!”, eso sí, “por favor”, porque no queremos que éste, ni ningún 23F, ni cualquier otro día, alguien nos diga, amenazante, lo que hay que hacer. En pie, y con la audacia de Javi, levantemos la mano y digámosle a Cádiz: “¡Cuenta conmigo!”.El próximo 28 cantaremos “Andaluces, levantaos“; hagámoslo también nosotros porque “ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie” (E.Dickinson).

lunes, 9 de febrero de 2009

DIGNIDAD

Las situaciones difíciles ponen a prueba a las personas y les proporcionan la ocasión de demostrar cómo son. Recuerdo haber leído que en un campo de concentración alemán cuando las prisioneras francesas encontraban un poco de manteca, se comían una parte y se ayudaban a aplicarse el resto alrededor de los ojos para que cuando volvieran a casa sus familias las encontraran bellas y sin arrugas. He asociado siempre ese recuerdo al concepto de dignidad.

Somos dignos cuando no renunciamos a seguir vivos, a luchar por lo que amamos o creemos, aún en medio de la adversidad. “El hoy es malo pero el mañana es mío”, parecen decir, con Antonio Machado, quienes así se comportan.

Henning Mankell, relata una anécdota que le impactó profundamente. En 1991, en un Mozambique en guerra, encontró en un camino “un joven que vestía harapos. Una vez que lo tuve cerca, pude ver sus pies. Y vi en ellos algo que no olvidaré nunca. Se había pintado en ellos un par de zapatos; había intentado preservar su dignidad. Y, puesto que no tenía zapatos, se los creó él mismo. Es decir, se los pintó en los pies y, con ello, pintó en su conciencia la fortaleza, la certeza de que, pese al desastre, él era un ser humano que conservaba su dignidad. Lo que aquel joven me reveló con sus pies pintados fue que la dignidad humana puede conservarse y defenderse aunque todo lo demás parezca perdido. Me reveló que todos debemos ser conscientes de que también a nosotros puede llegarnos el día en que tengamos que pintarnos un par de zapatos en los pies”.

Tal vez hoy, en medio de la crisis, también necesitemos pintarnos los pies y recordar que nuestra dignidad no depende de las estadísticas ni de las cotizaciones en bolsa.

Vi hace poco un cartel que me hizo pensar. Representaba a dos familias. Una decía: “Necesitamos ayuda”; la otra: “Necesitamos ayudar”. En sus rostros y en sus palabras, había dignidad; y ganas, como en aquellas mujeres francesas, de ayudarse para defenderla.

Hasta dentro de dos semanas.