lunes, 23 de marzo de 2009

Más sobre La Pepa

Más sobre La Pepa

 

Publicado en Diario de Cádiz el 23 de marzo de 2009

 

El día 19 el Ateneo me invitó a decir unas palabras ante el Oratorio de San Felipe Neri en homenaje a la Constitución de 1812. Para sorpresa de alguno, comencé leyendo el Decreto de 4 de mayo de 1814, de Fernando VII: "Declaro: que mi Real ánimo es no solamente no jurar ni acceder a dicha Constitución ni a Decreto alguno de las Cortes… sino el declarar aquella Constitución y tales Decretos nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si ni hubiesen pasado jamás tales actos, y se quitasen de en medio del tiempo". ¡Vaya con El Deseado, que condenaba a "la pena de la vida", es decir, a la pena de muerte, a quien exhortara a favor de la Constitución!

Yo, a mi vez, declaré que de quien no se acuerda nadie es de Fernando VII, y que su club de fans lleva años cerrado por carecer de socios, al tiempo que La Pepa, y su tataranieta, la Constitución de 1978, lucen cada día más lozanas y hermosas.

Los cronistas de aquel 19 de marzo cuentan que los cañones de Cádiz celebraban La Pepa, mientras que, al otro lado de la Bahía, los cañones franceses festejaban el santo de su Rey, José I.

A veces me pregunto cómo nos hubiera ido si en vez de Constitución del 12 y Fernando VII, hubiéramos tenido Constitución del 12, y José I. Una exposición en Madrid sobre su reinado(1808-1813), ha revelado aspectos muy interesantes de ese rey ignorado y despreciado. De hecho, su club de fans no para de crecer. Conociendo mejor al rey desconocido, y al currículum de El Deseado, uno sueña pesando lo imposible: que en vez de enfrentamiento, hubiera habido entendimiento. La historia no está para rehacerla, pero tal vez sí para soñarla, sobre todo, si ese sueño de lo que no fue ayer nos permite evitar errores en lo que debe ser hoy, y nos invita a intentar que ojalá no haya orillas entre nosotros que, lejos de entenderse, hagan cada una de ellas la guerra por su cuenta. ¡Orillas: silencien sus cañones, e inviten a tertulias! No fue posible entonces; ¿podría serlo hoy?

 

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