He participado, recientemente, en uno de los homenajes que se organizan en los Colegios a fin de curso en honor de los abuelos de los alumnos.
El acto fue muy entrañable: los niños, alegres y orgullosos, enseñaban la clase a sus abuelos, les presentaban a sus amigos, y les explicaban lo que hacían, cómo estudiaban y jugaban. ¡Un gran día para todos! Recuerdo que lo que más me llamó la atención fue lo sorprendidos y agradecidos que estaban abuelos y abuelas de que se hubiera pensado en ellos. La verdad es que, muy a menudo, no solemos dar las gracias a quienes hacen algo por nosotros. Esos abuelos estaban felices con sus nietos sí, pero también lo estaban porque se reconocía y agradecía el amor con que se dedicaban a esos niños. Todos necesitamos ser apreciados y valorados por los demás; y nos iría mucho mejor si fuésemos agradecidos con quienes hacen algo por nosotros.
Y hablando de hacer, los abuelos hacen muchísimo. En tiempos en que el padre y la madre trabajan, los abuelos ocupan un papel fundamental. Cuidan de sus nietos, los pasean, los llevan y recogen del Colegio, y, sobre todo, tienen tiempo para ellos: los escuchan, les hablan, les atienden. “En nosotros descansa la prisa de los hombres” se dice de los poetas; algo parecido se me ocurre respecto a los abuelos. Allí donde los padres van apresurados de casa al trabajo, los abuelos tienen tiempo para sus nietos. Esa atención, ese saber que son importantes para alguien, ese ir aprendiendo qué es la vida, esa mano experta en edades que estrecha con cariño la que apenas está comenzando: todo ello es imprescindible para que los niños crezcan felices y seguros de sí mismos. Los padres, que lo hacen lo mejor que pueden, saben que junto a ellos están los abuelos y abuelas. Por eso: gracias, Abu, por el amor y el tiempo que dais a vuestros nietos y nietas, muchas veces con olvido de vosotros mismos. ¡Gracias a vosotros, porque hacéis felices a los niños, y les enseñáis cómo deben tratarse las personas!
lunes, 29 de junio de 2009
lunes, 15 de junio de 2009
57 veces
Hace años leí que los seguidores del Aga Khan le daban su peso en oro como signo devoción por su jefe espiritual. ¡Fanatismo religioso, se decía! Hoy pagan 94 millones de € por un futbolista; el equivalente a 57 veces su peso en oro, y, salvo algunas protestas, la mayoría se conforma: ¡el fútbol funciona así!
¡Yo no me conformo! Sé qué es el mercado y cómo funciona pero no por ello tengo que aceptar lo que me parece inmoral e intolerable. ¿Qué valores proyectamos a la sociedad, y a los jóvenes, con actos de este tipo? Frente a este ejercicio de tan mala educación para la ciudadanía, ¿quién protesta? Tenemos derecho a esperar una orientación de nuestros líderes políticos, sociales y religiosos -sí, también de los religiosos, aunque no haya cuestiones sexuales por medio- porque el tema, ¡tiene tela!
La historia de la humanidad es la historia de la compraventa, con unos nombres u otros, de seres humanos. El fichaje de Cristiano Ronaldo marca, de momento, un récord: “El jugador del Manchester United se convertirá en el ser humano por el que se ha pagado más en el mundo” (Editorial de El Mundo, 12-6-2009). 94 millones de €, lo que más; ¿y lo que menos? Hace ya 2700 años, y sigue siendo así hoy, el profeta Amós denunciaba a aquellos que “compran al pobre por un par de sandalias” (Am. 8.8).
¡Las cosas pueden y deben ser de otro modo! Al mercado y sus leyes, yo opongo las palabras de Jesús: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22,21). Si en la moneda del tributo aparece el rostro del César, que se le entregue su dinero; pero, en el ser humano no aparece la imagen del César, y sí la de Dios - porque hemos sido creados a su imagen y semejanza -, y por ello, ¡nunca deberemos entregar o vender una persona, al César, o al mercado, o a quien sea… porque somos de Dios, y llevamos su imagen!
El fichaje de Cristiano Ronaldo me suena a compraventa de personas. Y eso no debe hacerse nunca: ni por 57 veces el peso en oro, ni por un par de sandalias.
¡Yo no me conformo! Sé qué es el mercado y cómo funciona pero no por ello tengo que aceptar lo que me parece inmoral e intolerable. ¿Qué valores proyectamos a la sociedad, y a los jóvenes, con actos de este tipo? Frente a este ejercicio de tan mala educación para la ciudadanía, ¿quién protesta? Tenemos derecho a esperar una orientación de nuestros líderes políticos, sociales y religiosos -sí, también de los religiosos, aunque no haya cuestiones sexuales por medio- porque el tema, ¡tiene tela!
La historia de la humanidad es la historia de la compraventa, con unos nombres u otros, de seres humanos. El fichaje de Cristiano Ronaldo marca, de momento, un récord: “El jugador del Manchester United se convertirá en el ser humano por el que se ha pagado más en el mundo” (Editorial de El Mundo, 12-6-2009). 94 millones de €, lo que más; ¿y lo que menos? Hace ya 2700 años, y sigue siendo así hoy, el profeta Amós denunciaba a aquellos que “compran al pobre por un par de sandalias” (Am. 8.8).
¡Las cosas pueden y deben ser de otro modo! Al mercado y sus leyes, yo opongo las palabras de Jesús: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22,21). Si en la moneda del tributo aparece el rostro del César, que se le entregue su dinero; pero, en el ser humano no aparece la imagen del César, y sí la de Dios - porque hemos sido creados a su imagen y semejanza -, y por ello, ¡nunca deberemos entregar o vender una persona, al César, o al mercado, o a quien sea… porque somos de Dios, y llevamos su imagen!
El fichaje de Cristiano Ronaldo me suena a compraventa de personas. Y eso no debe hacerse nunca: ni por 57 veces el peso en oro, ni por un par de sandalias.
lunes, 1 de junio de 2009
¡HASTA SIEMPRE, AMIGOS!
A final de curso se celebran actos de despedida de los alumnos que acaban sus estudios. Como a otros muchos docentes, también a mí me ha correspondido dirigirles la palabra. Es un momento emocionante y solemne. ¿Qué decir a esos jóvenes de entre 16 y 18 años, para que les ayude en el futuro? En ocasiones así, yo siempre subrayo dos palabras que me parecen fundamentales: gracias, y ánimo.
Comienzo dándoles las gracias por todo lo que su presencia ha enriquecido nuestra vida y la del centro en que han pasado tantos años. Su vida ha sido valiosa para nosotros, les digo. El colegio es tarea de todos; y todos y cada uno de vosotros ha contribuido a hacerlo mejor.
Les digo también que dejan tras de sí una memoria reconciliada, sin cuestiones pendientes. Los errores, cometidos por ellos o sufridos por ellos, están ya perdonados y olvidados. Se van como amigos, y como tal, tienen las puertas abiertas para volver cuando lo deseen.
También les digo, ánimo. Les digo que confíen mucho en ellos mismos y en sus capacidades. Que confíen en los demás, y no vivan temerosos o a la defensiva. Que vivan de tal modo que los demás puedan confiar en ellos. Que disfruten de la vida y no la echen a perder con facilidad. Que ni abusen de nadie, ni permitan que nadie abuse de ellos. Que no se conformen con poco. Que vivan con coraje y energía, soñando, asumiendo riesgos. Que disfruten de la vida y sean alegres, felices, justos y solidarios. Que su vida infunda esperanza. Que no olviden que es mejor dormir en paz en un colchón de mediana calidad, que no poder hacerlo en el colchón más caro por no tener la conciencia tranquila.
Y les recuerdo, finalmente, que Dios, su Padre está siempre con ellos, 24 horas al día y 7 días por semana. Aunque no le hagan caso. Y que confía en ellos. Y que son sus manos para hacer un mundo más justo, alegre y feliz.
Todo eso les digo. Todo eso les deseo. Por todo eso, rezo y trabajo. ¡Hasta siempre, queridos amigos! ¡Que Dios os bendiga!
Comienzo dándoles las gracias por todo lo que su presencia ha enriquecido nuestra vida y la del centro en que han pasado tantos años. Su vida ha sido valiosa para nosotros, les digo. El colegio es tarea de todos; y todos y cada uno de vosotros ha contribuido a hacerlo mejor.
Les digo también que dejan tras de sí una memoria reconciliada, sin cuestiones pendientes. Los errores, cometidos por ellos o sufridos por ellos, están ya perdonados y olvidados. Se van como amigos, y como tal, tienen las puertas abiertas para volver cuando lo deseen.
También les digo, ánimo. Les digo que confíen mucho en ellos mismos y en sus capacidades. Que confíen en los demás, y no vivan temerosos o a la defensiva. Que vivan de tal modo que los demás puedan confiar en ellos. Que disfruten de la vida y no la echen a perder con facilidad. Que ni abusen de nadie, ni permitan que nadie abuse de ellos. Que no se conformen con poco. Que vivan con coraje y energía, soñando, asumiendo riesgos. Que disfruten de la vida y sean alegres, felices, justos y solidarios. Que su vida infunda esperanza. Que no olviden que es mejor dormir en paz en un colchón de mediana calidad, que no poder hacerlo en el colchón más caro por no tener la conciencia tranquila.
Y les recuerdo, finalmente, que Dios, su Padre está siempre con ellos, 24 horas al día y 7 días por semana. Aunque no le hagan caso. Y que confía en ellos. Y que son sus manos para hacer un mundo más justo, alegre y feliz.
Todo eso les digo. Todo eso les deseo. Por todo eso, rezo y trabajo. ¡Hasta siempre, queridos amigos! ¡Que Dios os bendiga!
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