Como es sabido, Obama nació y vivió muchos años en Hawaii. Hace poco preguntaba yo a un marianista que está destinado allí, qué pensaban los hawaianos de su Presidente. "Es uno de los nuestros", me contestó. "No es que tenga sangre hawaiana pero, culturalmente, es hawaiano". Y me contó algo. "Una cosa que nos molesta mucho a los que vivimos aquí es que cuando vienen los del continente, andan siempre con prisa, siempre mirando el reloj, y rompiendo constantemente nuestro ritmo de vida. ¿Sabes qué es lo primero que hace Obama cuando viene a Hawaii?: quitarse el reloj. Por eso sabemos que es uno de los nuestros. Con su gesto nos está diciendo que le importamos, que tiene tiempo para nosotros".
Mientras escuchaba a mi amigo, dejé que mi pensamiento viajara hacia el sur, hasta Chile. Allí, cuando alguien te invita a su casa y te ofrece una botella de su buen vino, no dice: "vamos a beber esta botella", sino: "vamos a conversar esta botella". El vino como pretexto y contexto para el encuentro, para recorrer juntos el camino de la amistad, para hablar con calma y sin relojes por medio, disfrutando por estar juntos. Dejé atrás Chile, y viajé hacia el norte, a Inglaterra. Allí, cuando dices de alguien que es tu amigo, te preguntan: "¿Cuántos kilos de sal habéis comido juntos?". Porque la sal no se come por kilos, sino poco a poco, a lo largo de numerosas, placenteras y conversadas comidas.
En este tiempo de verano les invito y, me invito a mí mismo, a quitarnos de vez en cuando el reloj, y a conversar -con o sin botella, con o sin comida- con los amigos. Repasen esa lista a la que solemos echar mano solamente una vez al año, en Navidad, para escribir una felicitación o hacer una llamada, y hagámosla ahora, en julio o en agosto. Regalémonos tiempo para disfrutar estando juntos, la familia en primer lugar, pero también los amigos. ¡Cuánta sabiduría tenían los antiguos cuando decían: "que la hierba no crezca en el camino que lleva a la casa de tu amigo"!

No hay comentarios:
Publicar un comentario