lunes, 2 de noviembre de 2009

¡Gracias, don Antonio!


Publicado en Diario de Cádiz el 2 de noviembre de 2009

 
ESCRIBO este texto siendo consciente de que no será del agrado de don Antonio Ceballos, nuestro Obispo, porque, como es sabido, "el bien no hace ruido". Lo siento, don Antonio, pero no escribo este texto pensando en Usted sino en nosotros y en la necesidad que tenemos de recordar y agradecer cómo es el Obispo que tenemos en la Diócesis de Cádiz y Ceuta.

Don Antonio escribe, mucho y bien, sobre diversos temas, todos ellos relacionados con el anuncio de un Evangelio que es buena noticia para los que más la necesitan. En sus Cartas trata de un único tema: la Vida. Porque don Antonio es testigo de Áquel que dijo: "He venido para que haya vida, y vida en abundancia" (Jn 10,10). Y así, una carta hablará de la familia, otra de la mujer y sus derechos, otra de la defensa del medio ambiente, o de la paz, o de los inmigrantes. Don Antonio defiende la vida entera, que, como es sabido, ni empieza con el nacimiento, ni termina con él.

Antes que con sus palabras, don Antonio habla con su vida, con el uso social que ha dado a la Casa del Obispo y a otras propiedades de la Diócesis, con su promoción y apoyo a obras e instituciones entre los jóvenes, los inmigrantes y sus familias -también las de aquellos que mueren asesinados por la pobreza cuando se ahogan tratando de llegar a España-, con los parados, enfermos, presos y marginados.

Personas así tienen autoridad moral, que es algo distinto a tener solamente autoridad, y que no todos los obispos, políticos o educadores tienen. Por eso se esperan con interés sus palabras, no para asentir ciegamente a ellas -"para entrar en la Iglesia basta con quitarse el sombrero, no hace falta quitarse la cabeza", decía Chesterton-, pero sí para encontrar en ellas inspiración, motivos de reflexión, e invitación al diálogo cuando hubiera discrepancia.

Que nadie ponga límites a voces así. Que nadie repita hoy: "la calle es mía". Hoy, en la calle, podemos hablar todos: los artistas, los deportistas, los políticos y…los Obispos.

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