lunes, 28 de diciembre de 2009

Acoger al que viene

Publicado en Diario de Cádiz el 28.12.2009 

 
ACOGER en primer lugar, a Jesús que en Navidades y todos los días del año viene a hacerse uno de nosotros. "¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?", decía el poeta. O, más bien, ¿qué tendrá Él, que no se cansa de nosotros y nunca tira la toalla?

Madrid. Hace unos quince años. En una estación de autobuses. Un inmigrante africano pagaba en la cafetería su consumición. El camarero mordió la moneda como dudando de que fuera buena. Ante el disgusto de los presentes, se justificó. "Era broma". Un ejemplo de no acogida al que viene.

Madrid. El año pasado. En otra estación de autobuses. Un inmigrante africano, musulmán, se arrodilla en un rincón apartado para rezar. De pronto, se le acerca un policía. "Usted no puede rezar aquí... porque La Meca está en otra dirección", al tiempo que le señalaba la orientación correcta. Al escucharle, dos limpiadoras que estaban cerca, intervienen: "¡De eso nada! ¡El muchacho tiene razón! ¡La Meca está para allá!". Todo ello, ante la sorpresa divertida y emocionada del emigrante. Un maravilloso ejemplo de acogida al que viene.

En estos días de Navidad, abramos la posada de nuestra vida al que viene de lejos, o al próximo. Tendamos algún puente con ese familiar o amigo con el que estamos distanciados, y que sufre tanto como nosotros por esa lejanía.

Hoy, 28 de diciembre, recordamos a los Santos Inocentes. Como ayer, son muchos los que mueren, sin culpa alguna, víctimas de una sociedad que no pone en el centro a la persona sino al poder y al dinero. También hoy, son miles las personas que, inocentes, mueren antes de haber nacido porque alguien ha decidido interrumpir el embarazo, prescindiendo de ellos y de ellas.

Acojamos al que viene. De lejos, y de cerca. Sin rechazar a nadie porque nadie tiene derecho a hacerlo, y porque es mucho lo que se enriquecerá nuestra vida si la abrimos a las de los demás. Aunque haya que "complicarse" un poco, y haya que compartir, porque, "lo bien repartido, bien sabe".

¡Feliz Navidad y año 2010!

lunes, 14 de diciembre de 2009

OBAMA EN OSLO

Publicado en Diario de Cádiz el 14 de diciembre, 2009

Merece la pena leer el discurso del presidente Obama al recibir el Premio Nobel de la Paz.

En sus palabras Obama reflexiona sobre la guerra y la paz en el mundo, y dice que todos nuestros esfuerzos deben orientarse a reemplazar la primera por la segunda. Con realismo reconoce no tener la solución definitiva al problema de la guerra; rinde homenaje a la no violencia de Gandhi y de Martin Luther King -de quien recuerda sus palabras al recibir el Premio Nobel de la Paz-, pero subraya que "el mal existe en el mundo" y que, a veces, hay que recurrir a la guerra, a pesar de su ambivalencia e impopularidad, para preservar la paz.

La segunda parte del discurso me parece más sugerente que la primera. En ella recuerda que "la paz no es la simple ausencia de conflictos visibles; y que solo será estable una paz justa, que se fundamente en los derechos y en la dignidad inherentes a cada ser humano".

Me gusta cuando dice que "sin seguridad no puede haber desarrollo, pero que la seguridad no puede existir allí donde el ser humano no tiene acceso a alimentación suficiente, al agua potable, a la sanidad o a un hogar. No existe allí donde todo niño no puede aspirar a una educación decente o a un trabajo para sostener a su familia". En este punto, Obama (y no solo él) tiene "trabajo para casa". No basta, por ejemplo, con condenar la carrera de armas, o defender a las víctimas de los dictadores en algunos países, cuando muchas de esas armas son made in USA (no solo), y cuando esos tiranos son apoyados por el Norte.

"El desarrollo es el nuevo nombre de la paz", dijo Pablo VI. ¿Qué pasaría si, para variar, "bombardeasen" Afganistán y Gaza con hospitales, escuelas y trabajos? "Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber" (Proverbios 25,21). Ojala Obama no pierda "su brújula moral": el amor que predican las religiones, y que Gandhi y King vivieron. Si es así, al acabar su mandato le daremos, de verdad, el Nobel. De momento, solo lo tiene a cuenta.