martes, 14 de diciembre de 2010

PARA UNA CORONA NO NOS ALCANZABA

PARA UNA CORONA NO NOS ALCANZABA

 

Con un precioso ramo de flores en la mano un grupo de alumnos me dijo: "Hubiéramos querido algo más, pero para una corona no nos alcanzaba". Instantes después lo colocaban sobre el ataúd del amigo muerto. Un adulto comentó: "Nunca he visto llorar junta a tanta gente como en este funeral".

 

Cierto. Llorábamos. Acabábamos de perder un hijo, un hermano, un nieto, un sobrino, un primo, un amigo, un alumno. Con dolor, despedíamos  a Pablo.

 

En la Eucaristía dimos gracias al Padre por los diecisiete años de Pablo, el buen hijo, hermano, compañero. Porque ha sido un regalo tenerle y conocerle. Le decíamos que le queríamos; que le echaremos mucho de menos. Le decíamos que estuviera tranquilo: que no dejaremos sola a su familia. Le despedíamos sabiéndolo en la paz del Señor, con sus abuelos, y su tío.

 

Tristes, eso le decíamos. Y él, ¿qué quería decirnos? ¿Qué nos  decía Pablo?

 

Decía que nos quiso y nos sigue queriendo. A sus padres y hermano, en primer lugar,  pero también a familiares, amigos, compañeros.  Nos decía, y nos dice -sobre todo a los jóvenes- que amemos y cuidemos la vida. Que nunca la pongamos en peligro,  conduciendo temerariamente, bebiendo sin control, o consumiendo sustancias  que nos dañan. Que no juguemos ni hagamos bromas u otras cosas que puedan acabar fatalmente, de modo terrible e irreversible.  Como un joven paralítico que desde su silla invita a otros jóvenes a conducir con prudencia, Pablo, lleno de amor por nosotros, nos dice que nos cuidemos y que cuidemos a los demás. Y nos dice que no olvidemos nunca que si tenemos una mano para ayudar, la otra está para pedir ayuda. 

 

"Para una corona no nos alcanzaba". No importa. Lo que quieren Pablo y los suyos es que la vida continúe. En esa vida, Pablo seguirá presente: animándonos a estar más unidos, a echarnos una mano, a decirnos que nos queremos, que  nos importamos.

 

Descansa en paz, querido Pablo. No te olvidaremos. Tu recuerdo y tu mensaje nos ayudarán a seguir adelante. 

viernes, 3 de diciembre de 2010

José Luis Sampedro

PUBLICADO DIARIO DE CÁDIZ 15-11-2010

de dos en dos

Le conocí hará treinta años, en una conferencia en Cádiz. No hay que tirar la toalla aunque lo que creemos tarde en llegar, dijo. Y citó a Shakespeare: "La hierba crece de noche".

Contó que mientras hacía la mili en Ceuta iba a clases de inglés con un británico muy patriota. Un día, tras una gran derrota sufrida por los ingleses en la II Guerra Mundial, lejos de mostrarse abatido, el profesor dio su clase normalmente, añadiendo al final: "Señores, muy larga va a ser esta guerra porque los que al final la vamos a ganar, de momento la estamos perdiendo".

1977. Suena el teléfono. "¿José Luis Sampedro?". "Sí, ¿quién habla?". "Soy Juan Carlos, y quiero que seas uno de los senadores que puedo nombrar". En las Cortes Constituyentes de 1977, en efecto, el rey podía designar algunos senadores. "Señor, creo que se ha equivocado de persona", a lo que una voz entristecida contestó: "Si me he equivocado al elegir personas como tú, eso supone que el proyecto que tengo para España no va a ser posible". "¡Majestad, a sus órdenes!". Este diálogo, escuchado a Sampedro, nos habla de la talla de esas dos personas, y de aquellos momentos.

Sampedro ha puesto siempre la economía al servicio del hombre, y no al revés. Por eso sus colegas le llaman "humanista"; "y la palabra 'humanista' tiene en sus labios un sentido peyorativo del cual me enorgullezco", dice. Y continúa:"Les digo: Vosotros con vuestros modelos económicos reconocidos en Harvard y en Oxford, sois como gente que va en un tren espléndido, con los mejores medios y a 200 km por hora; un tren que va hacia el Norte como una flecha. Y se detiene en un paso a nivel, y allí se encuentran conmigo que voy andando por el camino que cruza la vía, con un burro y tres o cuatro herramientas rudimentarias, porque esa teoría económica que deseo no la tengo. Entonces me dicen: Sampedro, no seas tonto -porque son amigos míos- súbete al tren, tenemos aire acondicionado y, además, vamos a 200 por hora.

Contesto: sí, yo voy a 5 km, pero vosotros vais hacia el Norte y yo voy hacia el Sur, y cuanto más corra con vosotros más lejos estaré de donde voy; mientras que si continúo como estoy, me iré acercando a lo que quiero. Y si no llego, no importa, ese es un hecho biológico, pero no histórico. Sé que voy con la historia. De modo que les dejo pasar y sigo con mi burrito hacia el Sur".

Recientemente se ha creado el Premio José Luis Sampedro. Algunos lo recibirán; todos, por tener al profesor entre nosotros, lo hemos ganado.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Discurso de aceptación del Drago de Oro

ENTREGA DEL PREMIO "DRAGO DE ORO" - ATENEO DE CÁDIZ

DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE CÁDIZ

19-11-2010

 

 

1.- Buenas noches a todos.

 

Veo la Sala repleta de caras amigas.

 

Mi madre, mis hermanas y mi cuñado.

 

Amigos que sirven a la sociedad desde la Administración, la Política y la Iglesia.

 

Religiosos marianistas de las comunidades de Cádiz y Jerez, así como otros miembros de la Familia Marianista.

 

Compañeros de trabajo, alumnos y familias del Colegio San Felipe Neri.

 

Y otros muchos amigos de muy diversas procedencias.

 

Gracias a todos por estar aquí esta tarde.

 

 

2.- Gracias, amigo Ignacio, Presidente del Ateneo de Cádiz, y gracias a los demás miembros del Jurado por esta distinción que tanto nos honra a mí, a mi familia y a los Marianistas.

 

Estoy seguro de que son muchísimos los ciudadanos de Cádiz -muchos de ellos aquí presentes- que merecen ese Premio más que yo, pero, una vez concedido, lo acepto con sencillez, con  alegría y gratitud, considerándolo un impulso para seguir adelante.

 

Gracias también, a José Luis Reyes y a Inmaculada Arjonilla por vuestra magnifica interpretación musical.

 

 

3.- Y gracias, cómo no, a José Antonio Hernández  por sus palabras.

 

Por cierto, José Antonio, ¿seguro que no te has equivocado de carpeta? ¿Seguro que no hablabas de a algún otro Javier? ¿No? ¿Seguro?  

 

En ese caso, tendré que recordar lo que me sucedió hace unos años con un marianista norteamericano. No recuerdo bien con ocasión de qué -si es que hizo algo extraordinario, o escribió algo muy hermoso-, pero el caso es que le envié una carta felicitándole. No he olvidado su respuesta. Me dijo que cuando leyó mi carta, se levantó de inmediato y se fue a la sala de comunidad donde estaban otros marianistas a los que preguntó:"si le notaban algo raro". Cuando, sin entender la pregunta, le dijeron que le  veían como siempre,  él, más calmado, les comentó: "Menos mal. Por un momento creía que estaba muerto y no me había dado cuenta; porque me han mandado una carta diciéndome cosas que solo se dicen cuando uno ya está muerto".

 

José Antonio, si ni te has equivocado de carpeta, ni yo estoy muerto, no me queda más remedio, entonces, que acordarme de una persona maravillosa a la que tuve el privilegio de conocer en mis años de Roma. Cuando al cardenal argentino Eduardo Pironio, en algún acto público, le decían cosas muy hermosas -que él sí merecía-, respondía  siempre: "Gracias. Ojalá pueda llegar a ser como crees que soy".

 

Hago mías esas palabras:" José Antonio, ojalá pueda llegar a ser como me has descrito. Tus palabras me indican el camino. Gracias".

 

 

4.- Ahora, tras estos saludos y agradecimientos, permitan que improvise unas palabras.

 

Por cierto, hablando de "improvisar", quisiera recordar algo que le sucedió a Churchill un día en que, tras pronunciar uno de sus magníficos discursos, se le acercó un joven político que le admiraba mucho. "Sir Winston, permita una pregunta". "Dígame, joven". "¡Cómo me gustaría, Sir Winston, ser un orador tan bueno como Usted. Respóndame, por favor: ¿qué discursos le salen mejor, los que prepara de antemano o los que improvisa?". "Los que improviso, naturalmente, joven" contestó Churchill. "Los que improviso dos semanas antes de pronunciarlos".

 

Permitan, entonces, que les lea unas palabras que llevo improvisando en las dos últimas semanas.

 

4.b.- Pero todavía, antes de comenzar con la improvisación, quiero decirles que me costó bastante decidir sobre qué tenía que hablar. Nunca me han dado un premio y no sé qué cosas se suelen decir en esas ocasiones. O sea que pregunté a un amigo: "¿De qué hablo?". Y ese amigo, José María -a quien recuerdo con mucho cariño en estos momentos en que está pasando por una situación delicada de salud-, me dijo. "Si te han dado el premio a ti, ¡tienes que hablar de ti!".

 

Tenía también la duda de cuánto tiempo debía hablar. Se lo pregunté a Ignacio Moreno, que me dijo: "Unos veinte minutos".

 

¡Veinte minutos hablando de mí puede ser letal, pensé! Pero al final me decidí, y es lo que voy a hacer. POR CIERTO, ES INÚTIL QUE TRATEN DE HUIR ANTE ESTE ANUNCIO: HE PEDIDO QUE CIERREN LAS PUERTAS!

 

Comencemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5.- En un marco tan solemne como éste, quiero comenzar con una imagen que Jorge Manrique recoge tan bellamente en su poesía: "NUESTRAS VIDAS SON RÍOS".

 

Esta imagen de la vida, como un río, me ha cautivado siempre, porque un río es, por definición, algo alegre, hermoso, abierto a recibir las aguas de otros ríos, y a compartir, también,  las suyas para formar entre todos algo cada vez más grande.  Un río, además, contiene vida, y con su riego, ayuda a que haya vida.

 

¿Qué mejor metáfora, entonces, para decirles algo de mi vida que presentarla bajo esta imagen? La imagen de un río.  

 

Un río que comenzó, hace ya años, a orillas del Cantábrico, a los pies de la Concha donostiarra. Un río, que, tras recorridos varios, me ha traído hasta Cádiz, donde hoy vivo, y donde  reconozco, en mi cauce, las aguas de otros ríos. ¡Qué gozo el haber vivido compartiendo  corriente con la de  familiares, amigos, vecinos, compañeros! Así ha sido mi vida, y así quiero narrarla. .

 

¿Qué cómo es mi vida? Muy sencillo: Soy un hombre habitado; un río enriquecido por otros muchos ríos.  

 

El de mi padre, el primero. Callado, reflexivo, buen padre de familia  y buen amigo. La catedral de San Sebastián resultó ser pequeña en su funeral. ¡Hasta hubo gente de pie!

 

Y el agua de mi madre. Buena madre y, ahora,  abuela. Buena amiga de sus amigos, y de los míos, a los que cuida mejor que yo. Despierta y atenta siempre a lo que pasa. Rezadora por toda la familia. Y feliz con la decisión de este Jurado que  le ha proporcionado una excusa para venir a Cádiz, "fuera de temporada", porque nunca falta a su visita anual, en otras fechas.

 

Lo mismo que  mis hermanas y cuñado, también aquí presentes. Las aguas de mis hermanos -somos cinco- unidas, diferentes,  compartiendo momentos buenos y malos, como sucede en todas las familias. .

 

Y, ¡cómo no! Reconozco en mí río un agua con denominación de origen, el agua marianista. Tampoco sin ellos sería lo hoy soy. Me han acogido, querido, respetado en mi modo de ser, y animado a seguir siempre adelante. Tratándome con libertad, porque así hemos aprendido de nuestro Fundador el beato Guillermo-José Chaminade el cómo comportarnos entre nosotros, y cómo tratar a los demás, a los alumnos.

 

Y recuerdo y reconozco aquella agua gaditana de mi primera etapa en esta ciudad, (1971-1982), en la que hice tantos y tan buenos amigos, y en la que tantos ríos se mezclaron con otros muchos ríos, porque era urgente entonces acabar con lo que impedía el libre curso de las aguas, la libertad de un pueblo que quería discurrir alegre y jubiloso. ¡Felices tiempos de tanto río mezclado  y sueños tan  hermosos compartidos, en los que no faltó ninguna agua, en los que nadie faltó a la cita!

 

 

 

 

Y luego fue Madrid. Primero en la enseñanza. Descubriéndola, al igual que la poesía,  como una herramienta capaz de sanar el presente y generar futuro. Como un desafío a vivir de tal modo que ayudes, y no des-ayudes a otros, porque "el profesor debe profesar" lo que dice y cree, como recordaba el maestro Olegario González de Cardedal.

 

Más tarde, en Justicia y Paz, un organismo creado por la Iglesia del Vaticano II para luchar por la defensa de los derechos humanos, la paz y de la justicia.  Conociendo personas y recorriendo el mundo. Y aprendiendo que la vida y sus servidores carecen de etiquetas. Que el  mundo está repleto de hombres y mujeres que son buenos y trabajan por la paz. Y que en ese trabajo caben todos: los blancos y los negros; los que creen en esto, o en aquello, o en nada;  los que hablan de un modo y los que lo hacen de otro;  los que aman de un modo y los que lo hacen de otro; los que piensan de un modo y quienes lo hacen de forma diferente. En esa lucha por otro mundo posible y necesario, he descubierto que no sobra nadie. Bueno sí, sobran los malos. Que los hay. ¿Agua de esos? ¡Ni mijita!

 

Diez años luego en Roma y, desde allí, y con los marianistas, conociendo otros ríos de todos los colores, mezclándome con ellos.  Descubriendo las bellezas   del mundo; la solidaridad del mundo; pero también, las urgencias inaplazables  del mundo. Y sabiendo que tengo -tenemos-, el deber de relativizar muchas cosas en nuestra vida, y el de cambiar muchas de nuestras prioridades mientras que, para miles de millones de personas la pregunta de todos los días sea: "¿Hay vida antes de la muerte?". 

 

Años fascinantes, de aprendizaje continuo. A quienes nos ha correspondido, de un modo u otro, ejercer un cierto liderazgo social, qué bien nos viene recordar la sabia parábola  de los Masai, en Tanzania:

 

Cuando en una de esas tribus comienza su mandato un nuevo jefe, los ancianos no le entregan un bastón de mando ni una espada; le entregan un huevo crudo. Y todos entienden el mensaje. El jefe debe tratar a su pueblo como tiene que sostener el huevo: con firmeza, para que no se caiga y se destroce; con delicadeza también, porque si lo aprieta mucho, se romperá.

 

Años fascinantes. De continuo aprendizaje. Imposible olvidar tantos recuerdos. Imposible olvidar  -una vez más, un recuerdo africano, porque África me ha marcado mucho,  y que me lleva a mirar con tanta admiración y respeto a los inmigrantes africanos que viven entre nosotros, ejemplos tan  vivos de coraje y de ganas de hacer frente a la vida que creo que Dios los ha puesto entre nosotros para que despertemos de nuestra comodidad y pereza; ejemplos tan fuertes  de amor a sus familias y a la vida, que creo, a veces,  que no nos los merecemos - imposible olvidar, repito, aquel grupo de mujeres que, en Malawi, me explicaban sus planes para asegurar la vida y la educación de sus hijos, y donde, al escucharlas, deslumbrado, empecé a preguntarme si la sociedad y la Iglesia nos damos cuenta de todo lo que nos estamos perdiendo al no dar a las mujeres la posibilidad de aportar todo lo que podrían.    

 

Años fascinantes. De continuo aprendizaje. Tras haber recorrido bastantes  países, conocidos sus paisajes y sobre todo, sus hombres y mujeres, puedo decir con firme convicción: ¡Creo en la tierra!

 

 

 Y también en el Cielo. ¡Creo en el cielo! El cielo existe.  He notado su presencia en muchas personas y en muchas situaciones de este mundo;  y he conocido, también, qué pasa cuando falta. Por eso, al decir que creo en el cielo, no se trata de un cielo cualquiera, de un cielo barato que se encuentra tras las muchas ofertas comerciales que lo ofrecen. Creo en un cielo que es gozo, y  que es lucha; que es luz en perpetuo combate contra la oscuridad.  Creo mucho en el cielo, pero en un cielo que, lejos de evadirme hasta no sé qué alturas, al revés, me empuja irremediablemente hacia la tierra, y me pide que me comprometa con ella. 

 

Creo en un cielo que es…y aquí tomo prestada el agua de otro río que se llama José Antonio Pagola, para decir con él: "Creer en el cielo es resistirme aceptar que la vida de todos y de cada uno de nosotros es solo un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos.

 

Creer en el cielo es para mí rebelarme con todas mis fuerzas a que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo han conocido en esta vida miseria, hambre, humillación y sufrimiento, quede enterrada para siempre en el olvido. Confiando en Jesús, creo en una vida donde ya no habrá pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin podré ver a los que vienen en las pateras llegar a su verdadera patria.  No me resigno a que tantos esfuerzos por un mundo más humano y dichoso se pierdan en el vacío.

 

Quiero conocer a los verdaderos santos de todas las religiones y de todos los ateísmos, los que vivieron amando en el anonimato y sin esperar nada.

 

Siguiendo a Jesús, creo que un día conoceremos  lo que es vivir con paz y salud total. Y escucharemos las palabras del Padre: 'Entra en el gozo de tu Señor'".

 

Hasta aquí las palabras compartidas con Pagola.

 

Así creo en el cielo. Un cielo que se recibe como un regalo, pero también como una misión, una tarea, un desafío para transformar el mundo.

 

Creyente en cielo y tierra, aquí me tienen, de nuevo, de vuelta a Cádiz, en agosto del 2006,  tras 24 años de "gaditano por el mundo". Y estoy feliz.  En un Cádiz distinto al de ayer. Ni mejor, ni peor. El de hoy. El que apunta al mañana. Un Cádiz que me ha recibido como no me merezco, -¿qué mejor prueba que este acto?- y en el que, a los amigos de ayer, se han  sumado otros nuevos.

 

Un Cádiz rico en ríos. Con ríos muy diversos que siguen, como es lógico, cada uno su curso. Pero, si bien es cierto que el hoy no es el ayer,  y que la nostalgia ayuda si sirve de acicate pero no si nos tiñe de melancolía,  ¿no sería bueno que algunos de esos ríos se entendieran un poquito mejor entre ellos? ¿Qué mezclaran algunas de sus aguas: yo te acepto este litrito,  y tú a mí este otro?  Uniendo las corrientes,  el río es más potente,  y puede regar más,  y hasta llegar más lejos: al 12, y al 13, y al 14,…y al 15.

 

 

 

 

¿Te has fijado, Presidente del Ateneo, cómo lucen las lámparas de esta preciosa sala, cómo brillan los espejos,  y relucen los bronces? ¿Será que al estilo isabelino le sienta  bien la concordia, la amistad, el acuerdo? ¡Tal vez! ¡¡Quién sabe cuántos hermosos salones isabelinos tenemos en Cádiz? Yo, al menos, recuerdo dos. Y  a pocos cientos de metros el uno del otro.

 

Concluyo ya.

 

El Drago, lo sabemos, es un árbol muy bello. Llegó hace tiempo a Cádiz, aportando la belleza de las Islas Canarias. Cádiz, hospitalaria,  lo acogió y lo hizo suyo, como  nos ha acogido y aceptado a tantos. Es un árbol muy bello, pero hay que conocerlo, y hay que saber tratarlo. Es hermoso y es frágil. Tenemos que cuidarlo. Hoy, aquí, Drago-Cádiz, renuevo mi alianza contigo, y me ofrezco a compartir el agua de mi río con otros que te piensan, te quieren, te trabajan. Y, también, te disfrutan.

 

Quien recibe este premio es un río habitado, compartido. Por eso, lo recibo en nombre de todas las aguas que me han ido formando: mi familia -la natural y la marianista-; mis amigos de ayer y de hoy; la mujer de Nairobi que, con un microcrédito, sacaba adelante a su familia trabajando como peluquera; los marianistas que, en Corea del Sur que no se conformaban con un país dividido; o los que en Colombia luchaban contra la muerte  -a veces, pagando con su vida de mártires-; o los norteamericanos contrarios a las guerras; o los que no se resignan ante el hambre y el SIDA, el analfabetismo,  y se organizan y luchan contra ellos; o los marianistas que en Haití y en Chile levantan, una y otra vez, una escuela destruida; o todos los que en Cádiz, y en Europa, nos esforzamos para que nuestros jóvenes crezcan felices, responsables y solidarios, creyendo en la vida, e invitándoles a creer y  a vivir con el Dios de la Vida.

 

Comparto mi vida con todas esas aguas, con todos esos amigos que me han ido formando, con Ustedes que están entre esos amigos y compañeros de lucha por la vida.

 

En el precioso diploma del gran artista y amigo que es Luis Gonzalo, figura un nombre: el mío. Pero no se trata de mí, sino de nosotros, de todos los ríos presentes en mi río. ¿Recuerdan lo que pasa cuando al final de una etapa en una carrera ciclista entran multitud de corredores a la vez, en pelotón? Figura un nombre como ganador de la etapa, pero, en realidad, todos han ganado, todos han llegado en el mismo tiempo.

 

Hoy todos los que hemos corrido juntos durante  tantos años, hemos llegado juntos a la meta, hemos  ganado el Premio.  En mi nombre,  y en el de todos ellos:

 

¡Gracias!

 

 

 

 

Javier Anso, sm

Cádiz, 19-11-2010

Cuando un amigo se va

ALGO se muere en el alma, cuando un amigo se va". ¡Cuánta razón tiene ese canto popular! En estos días, la Comunidad Educativa del Colegio San Felipe Neri está de luto, y llora por la muerte de José María Rivas, amigo y profesor del Centro durante 32 años. En las semanas que estuvo ingresado en el Hospital, José María recibió pruebas del afecto de compañeros, y familias. Él se emocionaba, particularmente, cuando iban a visitarle grupos de alumnos a los que, con una memoria que para mí quisiera yo, reconocía por su nombre, y abrazaba. Murió en paz, rodeado del cariño de familiares y amigos. 

Cuando la noticia llegó al Colegio, hubo llantos y comentarios muy tristes, pero, sobre todo, un gran respeto. De repente, la muerte había hecho su aparición de un modo cruel en el colectivo de profesores y, sobre todo, de jóvenes y adolescentes. Éstos no tienen, como es lógico, más experiencia de la muerte que la de alguna persona, normalmente de edad avanzada, en su familia o en la de algún compañero; pero, de repente, se dieron cuenta que una persona que formaba parte del paisaje de todos los días, había fallecido. Hubo respeto, y silencio. A esas edades ya no se les ocurre preguntar, como dijo una niña de seis años cuando murió su abuela: "¿Se ha llevado su móvil? ¿Podré hablar con ella?"; a esas edades se dan cuenta de que la partida de alguien que conocemos nos está diciendo algo sobre nuestra propia vida, sobre cómo debemos vivir. "¡Sin dar tanta importancia a las cosas!", decía un profesor; centrándonos en lo que hacemos con nuestra vida, y en cómo ésta ayuda a mejorar el mundo.

"Vive el que ha vivido", decía Antonio Machado. José María ha vivido y, por ello, sigue viviendo en el cariño y el recuerdo de su familia y de los que le conocimos. Creyente, José María vive, sobre todo, en Dios, porque nuestras vida no son ríos que van a dar en la mar que es el morir, sino en la mar que es el seguir viviendo para siempre. Descansa y vive en paz, amigo.

sábado, 16 de octubre de 2010

Chile, tercer acto

Chile, tercer acto

Publicado en Diario de Cádiz el 18 de octubre, 2010



El primer acto de esta historia fue dramático: el 5 de agosto, 33 mineros quedaron sepultados en la mina San José, al norte de Chile. 17 días después salta la noticia: ¡viven! Comienza, entonces, un segundo acto que, de un modo espectacular y glorioso, culminará el día 13 de octubre, con el rescate de todos los mineros. ¡Algo emocionante, grandioso y espectacular!


Atrás quedaban casi setenta días en los que hubo de todo: hambre y sed, desesperación y esperanza; nervios, y mucho humor; enfados y fe. Emociona conocer  sus historias. El minero que se sacrifica en un trabajo tan duro como la mina para que su hijo pueda estudiar medicina. El que siguió, en directo, el nacimiento de su hijo; el que se declaró a su polola (novia) y le pidió matrimonio en cuanto saliera; el minero que cuidaba con cariño la pequeña  biblioteca que crearon.


Se habla de que el rescate ha costado más de 15 millones de dólares. Nadie discute que están muy bien pagados, pero nadie debería olvidar que con bastante menos dinero  se hubiera podido dotar a la mina de las medidas de seguridad que hubieran impedido el drama.


El tercer acto de esta historia empieza ahora. El guión lo ha descrito muy bien el Presidente Piñera al decir que nunca más en Chile los trabajadores van a  trabajar con tan poca seguridad. Si eso fuera verdad; si Chile y todos los países que han seguido día a día el encierro y el rescate  se decidieran a exigir una mayor seguridad en el trabajo, en cualquier trabajo, en cualquier lugar, esta historia habría acabado bien.


¡Mientras tanto, no olvidemos nunca, y hagamos nuestras, las palabras más pronunciadas en Chile en estos días: fe ("capaz de mover montañas", dijo Piñera), unidad, esperanza, lealtad, gratitud a Dios y a todos los que han trabajado por el rescate, compañerismo, trabajo en equipo, solidaridad, compromiso, orgullo patrio!  


En un día de gran gozo, hago mío el grito con el que los chilenos cantan victoria y expresan su alegría: "¡Viva Chile, mierda!"

miércoles, 25 de agosto de 2010

FRASES (II)


Como ya hiciera hace dos semanas, también hoy comentaré algunas frases, leídas aquí y allá, que me han llamado la atención. Espero que el tono no sea demasiado solemne porque, como me han dicho algunos amigos: "Javier, recuerda que en tiempos de melones no hay sermones".

A ver qué les parece esta frase: "¡Y esto se supone que es la vida!".  ¿Qué historia se esconderá detrás de estas palabras, leídas en Madrid hace algún tiempo? Decepción, sin duda; tal vez, sorpresa, o melancolía. Quién sabe si algo de rencor, incluso. Parecería que el que la dijo estuviera a punto de exigir el libro de reclamaciones. Sin embargo, ese libro no existe. La vida es maravillosa, sin duda, pero no todo en la vida es maravilloso. Y es muy poco en la vida lo que nos es regalado. Es muy fácil caer en la tentación de aprender a "escalar en la llanura", como he leído recientemente en un espléndido libro de Gregorio Luri, "La escuela contra el mundo", sobre el que no tendré más remedio que volver en otra ocasión; pero la vida es algo más complicada. Ya comenté una vez esta frase de Einstein, repleta de sabiduría: "El único lugar donde el éxito viene antes que el trabajo, es en el diccionario". Tenemos que acostumbrarnos al esfuerzo, al sacrifico incluso, a saber esperar antes de lograr algo. Y a acoger la sorpresa, de las que la vida está llena.

 Y tenemos que creer en nosotros mismos, sin tirar la toalla al primer contratiempo. Como dice Joaquín García Roca, ese sacerdote valenciano maestro, entre otros temas, en voluntariado y acción social: "Dejemos el pesimismo para tiempos mejores". El pesimismo, y la tristeza. En la antigua China decían que no se puede evitar que el pájaro de la tristeza revolee cerca, pero debemos evitar que anide.  Tratemos de dotar de sentido a nuestra vida, y de acompañar a los demás en parecido empeño.

Por cierto, ¿a que no adivinan dónde leí la siguiente frase?: "Disculpen las molestias, estoy creciendo". En la camiseta de un adolescente, ¿dónde si no?

lunes, 26 de julio de 2010

¡AVANCEN, POR FAVOR!

¡AVANCEN, POR FAVOR! 
 

Supongo que a los periodistas de verdad se les ocurrirán fácilmente los temas sobre los que tienen que escribir. Yo, que no lo soy, me pregunto más de una vez: "¿de qué escribiré la próxima vez?". 

Comentando esto el otro día en casa, alguien me dijo. "¿Por qué no escribes sobre lo insolidarios que somos en los autobuses; y cómo nos quedamos al principio, dejando casi vacía la parte de atrás?". El tema me apreció muy oportuno porque, ¿quién, tras esperar durante un cierto tiempo el autobús, no ha visto llegar uno que no abre sus puertas aún habiendo sitio en el fondo?  

Creo que en Cádiz tenemos un buen servicio de transporte público. He vivido en ciudades que se darían con un canto en los dientes por tener la mitad de lo que tenemos nosotros. Si, a pesar de ello, los responsables del transporte tienen que tomar medidas para mejorarlo, que lo hagan. Es su deber. Pero, si hablamos de deberes, ¿cuál es el nuestro? 

Sin duda, y como decía mi amigo, el no quedarnos a la entrada del autobús; el hacer caso al conductor cuando nos pide que avancemos para dejar sitio a los que esperan en paradas próximas. Pero no: los mismos que nos enfadamos si el autobús pasa de largo, somos los que no nos movemos. 

Hay cosas que no podemos cambiar, pero hay otras que sí. Podemos, por ejemplo, proponernos avanzar en el autobús para no perjudicar a otros. Si todos lo hacemos, todos nos beneficiaremos. Es algo muy sencillo, aunque no siempre fácil. Más de una vez, cuando uno intenta avanzar, se encuentra con un muro de personas a las que parece que les molesta que quieras ir hacia el fondo. En el autobús, como en la vida, no permitamos que los demás nos impidan hacer lo que creemos que tenemos que hacer. No nos limitemos a criticar sobre cómo está el transporte; pongamos nuestro granito de arena. Digamos: "con permiso", y avancemos hacia el fondo. "Sé tú mismo el cambio que quieres para el mundo" decía Gandhi. Aunque no pensara en nosotros, la frase nos viene bien. ¡Buen verano!

Javier Anso

domingo, 4 de julio de 2010

FIN DE CURSO 2009-2010 * PALABRAS AL CLAUSTRO Y PAS 28-6-2010

Queridos amigos,

 

Una año más, y ya van cuatro, me dirijo a vosotros al acabar un curso académico, el 2009-2010 en esta ocasión.

 

¿Qué voy a decirles que no les haya dicho ya? Probablemente, nada nuevo. Diré, entonces, pocas palabras. Luego, les invitaré a un intercambio sobre lo que he dicho, o a que hagan preguntas sobre cualquier tema que deseen plantear.  Yo les dejaré temas para pensar; también Ustedes pueden dejarme alguno para que yo lo piense este verano.

 

Quiero comenzar diciéndoles cómo termino este curso, con qué sentimientos o sensaciones.

 

Utilizaré, para ello, cinco palabras:

 

                        * En primer lugar, agradecimiento -a todos y a cada uno de los miembros de la comunidad colegial, y ahora, a Ustedes, claustro y PAS-, por su entrega al Colegio de un modo que va más allá del mero cumplimiento del deber. Ese plus de entusiasmo, de ilusión, de generosidad, es, junto a su buen trabajo profesional, lo que va permitiendo que este Centro vaya logrando, curso tras curso, sus objetivos.

 

                        * Junto a la anterior, tres palabras que van unidas: tranquilidad, paz, y  placidez. Me siento bien al final del curso porque creo que, entre todos y sin falsas autocomplacencias, lo hemos hecho bien. Nos podemos poner una nota alta. Creo que nos hemos esforzado por cumplir los objetivos del curso, y, de ahí, junto al agradecimiento, la sensación de estar en paz por haber cumplido con nuestro deber.

 

                        * La quinta palabra es; desafío. El que estemos satisfechos con lo que hemos hecho no nos impide, sino al contrario, el que sintamos la llamada, el desafío, a pensar cómo hacerlo todavía mejor el curso próximo. Luego volveré sobre este tema.

 

He terminado el curso con una impresión muy buena. Creo que estamos bien orientados y que, entre todos, y aunque quede mucho camino por delante, vamos acercándonos al tipo de Colegio que queremos conseguir.

 

Si miro a los nueve meses del curso o, incluso, más a corto plazo, encuentro muchos acontecimientos que me refuerzan en esa buena impresión. Solo recordaré algunos de ellos, y sin ningún orden de preferencia: La Fiesta del Colegio fue magnífica, y el clima que allí se vivió, la buena relación entre alumnos, profesores, familias y antiguos alumnos, ni se improvisa, ni se puede organizar artificialmente: o recoge lo que es la vida de todos los días, o es, sencillamente, imposible; el Día de los Abuelos resultó muy simpático y fue inolvidable para los asistentes; los actos de  despedida de los alumnos de  2º de Bachillerato y de 4º de ESO estuvieron cargados de emoción,  y nos dejaron a  todos la sensación de que hemos sabido hacer lo que teníamos que hacer durante los muchos años en que esos alumnos han estado formándose en su Colegio; los múltiples festivales con alumnos tanto de Infantil, como de Primaria o de ESO;  los magníficos resultados obtenidos en Selectividad (de 134 alumnos matriculados este curso en segundo de Bachillerato, 121 han aprobado en el Colegio en  junio, y se han presentado a selectividad, aprobando todos ellos, el 100 por 100…¡felicidades a los alumnos y a sus familias, así como a todos los profesores que, desde Infantil a Bachillerato, les han acompañado); los buenos resultados obtenidos en las Pruebas de Diagnóstico que nos permiten revisar nuestro trabajo futuro; el esfuerzo de evaluación del curso que acaba de terminar que se está realizando en estos días; el curso de formación en el que una veintena de profesores, a lo largo de todo el curso, se han formado para conocer mejor la identidad, espiritualidad y pedagogía marianistas (¡gracias Bea, Ignacio Sánchez, y Daniel, los coordinadores de ese curso!); las diferentes reuniones de evaluación de todos los agentes de pastoral del Colegio, desde los 3 hasta los 18 años; la puesta en marcha y evaluación del programa Magnificat; la profundización en el Hermanamiento con Las Conchas; el funcionamiento y las actuaciones de final de curso de la Escuela de Música, uno de los logros de este año que, tras haber renovado matricula el 90 % de sus alumnos de este curso para continuar en el próximo, tiene ya una lista de espera de unos 150 candidatos; los numerosos éxitos en deportes y competiciones académicas, artística y literarias; el XXXV Trofeo Luis Castro; las actuaciones de los dos Grupos de Teatro del Colegio; el Camino de Santiago, con 90 participantes; el campamento de El Bosque, o los de Senda, o del Grupo Scout que se desarrollarán en los próximos días; la puesta en marcha de la guardería de verano, y muchas más cosas que no cito.  Todo ello me ha dejado un magnifico sabor de boca al finalizar el curso 2009-2010.

 

Esa trayectoria tuvo como colofón la cena de final de curso, el pasado viernes 25. Algunos profesores nuevos me habéis comentado que os llamó mucho la atención el espíritu que allí había. Ellos, que vienen de trabajar en otros sitios, se sienten impresionados por lo que ven aquí., y que, tal vez, los que llevamos trabajando aquí más años valoremos menos o lo encontramos normal. Conviene no olvidar que lo que somos y tenemos nos lo debemos a todos, y que entre todos tenemos que cuidarlo y mantenerlo.

 

Y tras hablar del curso que acaba de terminar, ¿qué deciros del próximo? Como sabéis, yo siempre repito la misma frase en todas las reuniones de cada nuevo curso académico: el Colegio San Felipe Neri no quiere vivir de rentas; no queremos que el nuevo curso sea una fotocopia de los anteriores. Yo imagino el Colegio, si me permiten una imagen muy sencilla, como un inmenso tapiz inacabado, que empezó a tejerse en Cádiz hace 118 años, y que cada nuevo curso añade nuevo tejido al tapiz heredado, al tapiz que hemos de cuidar, al tapiz que tenemos que dar vida mientras nos corresponda estar en el Colegio, al tapiz que dejaremos a quienes vengan detrás de nosotros.

Cuidar un tapiz no es solo mirar para adelante, aunque esa sea la tarea principal: también hay que cuidar el tapiz que nos llega, no vaya a ser que tenga algunos hilos sueltos que pongan en peligro la estructura del tejido; o algunos colores que hayan perdido parte de su esplendor primero. Es tarea de todos, no solo de la Dirección, estar atentos a esos hilos sueltos o a esos colores, quizás, desvaídos: Estoy seguro de que, con el esfuerzo de todos, iremos restaurando el tapiz, y enriqueciéndolo con lo que aportemos a él en el próximo curso. Las puntadas que vayáis a dar; los dibujos que, con vuestros compañeros, vais a componer… el empezar a pensarlo es la tarea que os dejo para este verano.

 

Como os he indicado, en esta tarea los alumnos y las familias tienen, junto a todos nosotros, un papel imprescindible. En el Colegio queremos que los alumnos y sus familias sean más partícipes, más autores, más cómplices, del trabajo educativo que realizamos. No es una tarea fácil. Hay muchos obstáculos, y de mucho tipo, pero no por ello vamos a dejar de intentarlo. Sin engañarnos pensando que vamos a conseguir grandes logros de la noche a la mañana; pero estando seguros de que sí vamos a ser capaces de dar un paso, y luego otro, y luego otro más, en la buena dirección. "¡Qué pena que porque pienses que puedes hacer poco, no hagas nada!". Viene siempre muy bien el tener como fondo de pantalla las sabias palabras de Edmund Burke.

 

Y junto a lo anterior, y camino del final, unas breves reflexiones.

 

El Colegio San Felipe Neri va a seguir con su política, establecida y enraizada durante muchas décadas, de estar a disposición de la Iglesia y de la Ciudad de Cádiz. La nuestra es una actitud de servicio y de tranquila apertura y disponibilidad. Hemos dicho que sí al Obispado cuando nos ha pedido que acojamos en Agosto del 2011 a cientos de jóvenes que, procedentes de varios continentes, vendrán a Cádiz a participar en la fase diocesana de las Jornadas Mundiales de la Juventud que en su etapa final se desarrollarán en Madrid. Hemos dicho que sí al Ayuntamiento de Cádiz para muchas de las actividades para las que nos han pedido ayuda, y, en concreto, y además del Cine de Verano en Familia y el Salón Manga, al nuevo Cine-Club que empezará a partir de septiembre en el Colegio, en viernes alternos. Hemos dicho que sí, y de modo igualmente desinteresado, a otras instituciones, públicas y privadas, cuando nos han pedido nuestras instalaciones para actividades que entendemos redundan en bien para Cádiz. Y esa seguirá siendo, en la medida de nuestras posibilidades, nuestra respuesta a ese tipo de peticiones.  

 

Estamos en un Colegio y, por lo tanto, la educación es el eje prioritario de nuestras actividades. Seguiremos tratando de mantener buenas relaciones, de diálogo y trabajo en común, con los demás centros educativos de la ciudad, así como con las autoridades educativas. Son tantos los desafíos comunes que tenemos quienes nos dedicamos a la educación que sería insensato el empeñarse, cada uno por su cuenta, en inventar la rueda o descubrir América.

 

La relación Familia-Colegio nos sigue pareciendo un tema al que debemos prestarle mucha atención. El curso pasado hemos celebrado la primera parte del Seminario "Construyendo Puentes", con la Fundación SM.. A lo largo del próximo curso, desarrollaremos la segunda parte del mismo.

 

Termino ya. Como os he dicho antes: gracias, descansad, disfrutad de vuestras familias, pasad un buen verano, y ¡hasta septiembre! ¡Que Dios os bendiga a todos!

 

 

Javier Anso

Director

ELOGIO DE LOS POLÍTICOS


 

Sí, elogio y agradecimiento. Y no a unos políticos perfectos e inmaculados que no existen, sino a los políticos reales que tenemos: a los que hemos elegido, y a los que, con nuestro voto, podemos cambiar.

 

A menudo se dice que los españoles tenemos muy mala opinión de los políticos; que son más un problema que una solución. Y concluimos: "todos los políticos son iguales". Eso no es verdad y, además, es muy injusto. Evidentemente, nuestros políticos - gobiernen o estén en la oposición- cometen errores, a veces serios y frecuentes; pero, ¿no "cometerán", también, numerosos y frecuentes, aciertos? Si reconocemos con facilidad los primeros, ¿no podríamos hacer lo mismo con los segundos? No olvidemos que en, gran medida, debemos a esas personas nuestro nivel de vida y de democracia.

 

Nuestros políticos son tan "manifiestamente mejorables" como lo somos todos nosotros. José Antonio López escribía en este Diario sobre "el ciudadano impasible" ante los atropellos que sufre, y cómo esa actitud lleva a un "preocupante borreguismo" (12-6-2010). La pensadora Victoria Camps, en su último libro, "El declive de la ciudadanía", afirma que los cimientos de la convivencia y de las instituciones democráticas pueden estar en peligro si no superamos nuestro actual déficit de ciudadanía.  

 

Exijamos más a nuestros políticos sí, pero agradezcamos también su trabajo. Que los incompetentes o corruptos sean apartados de la política, pero que esos pocos no cuestionen la valiosa tarea de la inmensa mayoría. No descalifiquemos, ante nuestros hijos y alumnos, a quienes dedican unos años de su vida a servir a la sociedad; al contrario, acentuemos la educación en el aprecio por la democracia, la participación, la responsabilidad, el espíritu crítico. Del desprecio a los políticos nacen los mesías salvadores de la patria; de la educación cívica, los ciudadanos y los políticos que nos permitirán seguir viviendo en democracia, fortalecerla y hacerla universal. ¡Gracias, políticos!

 

Resurrección y coherencia


Recuerdo muy bien una homilía que escuché, hace años, un lunes de Pascua como hoy. En ella se nos contó algo sucedido en un monasterio budista en Japón. Un religioso católico, que estaba de visita, trataba de explicar a un monje budista en qué consistía la resurrección de Jesús. El religioso hablaba y hablaba. El monje escuchaba plácidamente, en silencio, los ojos semicerrados. Tras media hora de explicación, sin interrupción alguna, el religioso preguntó: "Perdone, pero, ¿me está Usted entendiendo?". "Sí, sí, le escucho con mucha atención, le dijo el monje, y le agradezco todos sus esfuerzos por explicarme qué pasó con Jesús, pero, mire, lo que a mí me interesa de verdad es que me diga lo que le ha pasado a Usted; en qué modo la resurrección de Cristo ha cambiado su vida".


No dejo de pensar en la profunda sabiduría del monje budista. ¡Dio en la diana, porque los cristianos no acabamos de convencernos de que "el mundo necesita más testigos que maestros" (Pablo VI); de que nuestra vida es la única Biblia que lee el mundo de hoy; ni de que las palabras de Francisco de Asís son tan verdaderas ahora como cuando las pronunció hace siglos: "Tenemos que predicar siempre, y si hiciera falta, también con palabras".


Estas reflexiones tienen también un fácil y necesaria lectura laica o civil porque todos estamos expuestos a que, cualquier día y en las más insospechadas circunstancias, nos topemos con un monje budista -que cada uno vea el equivalente a esa imagen- que, plácidamente y con los ojos semicerrados, nos diga: "Gracias, pero no me interesa una conferencia sobre el socialismo, el liberalismo, el comunismo...No me lea su programa o el contenido de sus folletos de propaganda política. Lo que me interesa es que me diga de qué modo esas ideas han cambiado su vida".


Frente al escándalo, favoritismo y corrupción que tanto dañan nuestras instituciones, la limpia coherencia de nuestra vida es la prueba del algodón. La única en la que el mundo cree.   

 

domingo, 20 de junio de 2010

¡No me conformo!

¡No me conformo! 

La recuerdo muy bien. En su silla de ruedas, unos setenta años, esperando las maletas. Acabábamos de llegar al aeropuerto de Roma y llevábamos un buen rato esperando el equipaje. La señora, con elegancia, tristeza, y rabia, no cesaba de decir: "¡No me conformo! ¡Como italiana no me conformo con que las cosas funcionen tan mal! ¡No acepto una Italia así!". Con coraje y dignidad proclamaba el amor que tenía a su País. "¡No me conformo!". 

¡Yo tampoco me conformo! ¡No me conformo -y no acepto- que nuestros dirigentes hayan sido incapaces de lograr un Pacto de Estado por la Educación! Y encima -¡serán adolescentes, y que me perdonen los adolescentes!- echando, como de costumbre, la culpa "al otro". ¡Menudo ejemplo! El tema es demasiado serio, y nos jugamos demasiado, como para que se permitan tirar la toalla, o decir que han llegado al límite de su paciencia. España necesita ese Pacto y ellos están donde están para conseguirlo; no para decir que no pueden hacerlo. Si no son capaces: o piden ayuda, o se retiran y dejan que otros lo intenten. Y, por favor, que no nos sigan contando la historia de un ministro bueno que no logra sacar el Pacto porque enfrente tiene a los malos que lo único que les interesa es llegar a ser ministros. ¿Hasta cuándo nos van a seguir contando la historia en blanco y negro? ¿No nos merecemos, el Sr. Gabilondo el primero, un análisis más correcto de la realidad, señalando en qué temas y por qué razones no se ha logrado el acuerdo, y qué se va a hacer para intentar conseguirlo? 

En Viterbo, de nuevo en mi amada Italia, se cuenta que tras casi un año de Cónclave sin que los cardenales fueran capaces de elegir un nuevo Papa, los ciudadanos, hartos, los encerraron en una sala haciéndolos ayunar a pan y agua hasta que hubiera acuerdo. La dieta resultó eficaz; el nuevo Romano Pontífice no tardó en llegar.

 

Señores políticos, nosotros no nos conformamos, o sea que, espabílense: o lo siguen intentando hasta lograrlo; o ya saben: ¡a pan y agua!

FIN DE CURSO

FIN DE CURSO 

A mi madre, que es una excelente cocinera, no le gusta que le digamos "gracias" cuando hemos comido lo que nos ha preparado; pero hay dos cosas que, de un modo u otro, nos reclama: que lo acabemos todo, y que le digamos que estaba bueno. "No soy santa Teresa", suele decir. 

Como a mi madre, a todos, santa Teresa incluida, nos gusta que se reconozca lo que hacemos. Por eso, al terminar el curso escolar 2009-2010, quiero recoger en esta columna la gratitud de la sociedad gaditana a quienes, en todos los colegios, han dado lo mejor de sí mismos para lograr una mejor educación de nuestros hijos, y alumnos.  
 

"El futuro del mundo pende del aliento de los niños que van a la escuela", dice un hermoso proverbio judío. Por eso es tan importante el papel de los educadores, ya sean éstos, profesores o miembros del PAS (Personal de Administración y Servicios). A lo largo de un curso puede haber, junto a los muchos aciertos, algunos desaciertos; pero por encima de todo destacan la entrega y profesionalidad de los educadores, y el respeto a los alumnos con el que desarrollan su tarea.  

 Dice el Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que el mensaje del educador al alumno no es "haz como yo", sino "hazlo conmigo". Esas palabras me recordaron las del maestro Olegario González de Cardedal cuando decía que educar es ese encuentro entre dos vidas: una que, tras años caminando, quiere compartir la sabiduría aprendida en el camino con otra vida que está comenzando. ¡Hermosa y difícil tarea!  

Nos vendría bien ser más agradecidos. Nos ayudaría si dijésemos, de vez en cuando, a los conductores de autobuses, a quienes trabajan en el mercado, tiendas o bancos, a los funcionarios y autoridades, a las amas de casa, a los sanitarios, a los curas y religiosos, a los periodistas, y a un largo etcétera, que la sociedad reconoce y agradece sus trabajos. Hoy, al fin del curso, ¡gracias a los educadores! Porque se lo merecen; y, porque, como no son santa Teresa, necesitan escucharlo.    

LEER Y SUBRAYAR

LEER Y SUBRAYAR 
 

Acabo de regresar de la Feria del Libro. ¡Qué gozada pasear en medio de tantos libros, en un marco tan hermoso como el Baluarte de la Candelaria! Confieso que, muchas veces, cuando entro en una librería, y salvo que vaya buscando un libro en concreto, me abruma el verme rodeado de tantos cientos de títulos. No sé por qué, pero en la Feria del Libro todo es distinto. Disfruto recorriendo las diversas librerías, hojeando los libros con calma, saludando a los amigos que allí siempre acabas encontrando. 

Últimamente se insiste mucho en la necesidad de fomentar la lectura entre nuestros niños y jóvenes y no me extraña, porque es mucho lo que se pierde quien no goza leyendo. Leer es dialogar. Y es vivir. Al leer se produce, de un modo casi mágico, un silencioso diálogo entre escritor y lector. Y también, y aquí hay más misterio todavía, un diálogo sereno del lector consigo mismo. Al leer, avanzamos por un camino que nos interpela, nos intriga, nos apasiona, nos emociona, nos desafía, nos hace recordar… Leer es un continuo descubrimiento, una invitación a la novedad, a la alegría de compartir una idea con otro, al gozo de recibir el regalo de una inspiración que te asombra y maravilla, y que, a veces sin saberlo, esperabas hacía tiempo. 

Yo, casi siempre, leo con lápiz. Subrayo mucho, y no solo cuando tengo ante mí un ensayo sino con cualquier tipo de libro o género literario. Cuando, tiempo después, a veces años, releo ese libro y me encuentro con párrafos que un día subrayé, ese diálogo que es la lectura se enriquece todavía más al haber tres sujetos implicados: el autor, el lector que yo fui, y el de ahora. ¿Por qué subrayé esta idea, y no esta otra? Como ven: ¡soy un apasionado de la lectura, y de los libros! Con razón los egipcios llamaban a las bibliotecas el tesoro de los remedios del alma, porque en ella se curaba la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas ellas. Por ello, si me permiten un consejo, lean mucho. Y con lápiz.

LAS SIETE GENERACIONES

LAS SIETE GENERACIONES 

El jueves 6 de mayo conoceremos las respuestas de los partidos políticos y demás agentes sociales al borrador de Pacto de Estado por la Educación que presentó hace unos días el Ministro de Educación, Don Ángel Gabilondo. 

Los partidos, sindicatos, organizaciones empresariales, asociaciones de padres, etc. reconocen avances sobre borradores anteriores, pero siguen señalando discrepancias. Aunque es difícil, ojala se logre ese Pacto: sin él, seguiremos dando bandazos, y poniendo en peligro nuestro presente y nuestro futuro. 

¿Por qué no hay acuerdo? Sin duda porque todas las partes tienen posiciones legítimas pero no siempre coincidentes. Ese no es el problema, porque lo diverso, enriquece; el problema es que cada parte convierta su posición en condición "sine qua non" para firmar el Pacto. Con posturas así no tendríamos Constitución. En 1978 se consensuó: partidos y ciudadanos aceptamos aspectos que tal vez no nos gustaban del todo por dotarnos de un texto común que, por encima de nuestras legítimas discrepancias, nos restituyera una democracia que nunca se nos debía haber arrebatado.  

Ahora también, y por un bien mayor como es el futuro de nuestro país, debemos hacer un esfuerzo de consenso por encima de lo normal. Los ecologistas dicen: "No hemos heredado la Tierra de nuestros padres; nos la han confiado nuestros hijos". Lo mismo sucede con la Educación, que no es una pesada herencia o una larga historia de conflictos; lo que hemos recibido es un depósito que nos han confiado nuestros hijos, y los suyos, y los que vengan después, para que hagamos lo posible por lograr que los hombres y las mujeres de hoy y de mañana sean felices, cultos, libres, responsables, solidarios.  

Se dice que los "salvajes" indios en América, cuando tenían que tomar una decisión muy importante, sentaban en torno a la hoguera a siete generaciones de miembros de la tribu: los que estaban vivos y los de las próximas generaciones, para escucharles y ver qué tenían que decir sobre las consecuencias que tendría sobre ellos esa decisión.  Ojalá que también quienes nos representan sean capaces de superar visiones a corto plazo y enfoquen este tema, y los demás, con esa perspectiva. Ojalá, que logremos un Pacto de Estado por la Educación que sirva tanto para el presente como para el futuro. Ojalá seamos capaces de dejar de rodear a nuestros alumnos -algunos de los cuales serán ciudadanos y ciudadanas del siglo XXII- con polémicas del siglo XVIII. ¿Es pedir demasiado el que miremos hacia delante; el que nos comportemos como los indios americanos?

PUERTA DEL SOL

PUERTA DEL SOL 

Yo, que he pasado por la Puerta del Sol de Madrid multitud de veces, pocas veces he tenido una experiencia tan fuerte de ese lugar como hace un par de semanas. Era un sábado por la tarde. El tiempo invitaba a pasear. Ocupaban la plaza cientos de personas, caminando, hablando en grupos, haciéndose fotos. Más de treinta personas disfrazadas esperaban una moneda para hacer una reverencia, o permitir una foto. Me quedé varias horas, fascinado, ante aquel teatro lleno de color, de música -había mariachis mexicanos y otros artistas-, y de armonía.  

Una vez más comprobé que son 18 las líneas escritas en el pedestal de la estatua de Carlos III; y que si se quiere conocer la historia de ese rey hay que dar 18 vueltas a la estatua. Creo que, hace años, una persona logró llegar hasta la línea 12 antes de caer mareado por tierra. Hay quien anota en qué línea se ha parado, para continuar otro día. ¡18 vueltas! ¡El mundo está lleno de genios! 

Había, también, una manifestación contra el paro. Los manifestantes, con sus consignas, intentaban atraer la atención del público. Una pareja de policías copiaba el contenido de las pancartas. Imagino su informe, con frases como "solidaridad contra el paro", "el paro es un crimen", etc. No pude evitar el recordar los tiempos en que nos contaban que había países donde la policía, en vez de atacar a los manifestantes, los acompañaba y protegía. A juzgar por los rostros de algunas personas que contemplaban el espectáculo, en sus países los policías atacan más que escriben. ¡Ojala llegue pronto, también, allí la democracia! 

Muchas cosas contemplé esa tarde, y puedo decirles que me dio esperanza el ver que tanta gente diferente fuera capaz de estar junta, en paz, y disfrutando. Por un momento me puse a soñar y deseé que las cosas fueran siempre así; y fuésemos capaces de convivir sin tanta pelea y tanta bronca. Un sueño que de nosotros depende que sea realidad, en todas las Puertas, en la del Sol, en las de Tierra, y donde sea. ¿O no?

¡GRACIAS, MANDELA!

¡GRACIAS, MANDELA! 

Como la Transición española, también la que sucedió en Sudáfrica en los años 90 tiene nombres propios. Entre otros, uno indiscutible: Nelson Mandela. Entre 1948 y 1991, una minoría blanca, los afrikaners, impuso un régimen cruel y racista en Sudáfrica: el apartheid, condenado por la ONU como "crimen contra la humanidad". Desde entonces, la oposición del pueblo africano y de muchos sectores de la población (las Iglesias, entre ellos), combatieron ese sistema injusto. La sociedad internacional, como medida de presión, boicoteó el régimen del apartheid. Recordemos, incluso, que mientras duró ese sistema, Juan Pablo II no visitó Sudáfrica. Lo haría en 1995.   

Elegido primer presidente democrático de Sudáfrica en 1994, hoy, Mandela, a sus 91 años, no está retirado: sigue ofreciéndose como mediador en países africanos donde haya un conflicto. En 1999 renunció a presentarse a la reelección a la Presidencia, para dedicarse a transmitir a niños y jóvenes lo que había aprendido en la vida, y contarles de qué manera, y con qué valores, merece la pena vivir. 

"El País del arcoiris", la nueva Sudáfrica, no ha superado todavía sus muchos problemas, pero ha evitado una guerra civil. Como dice Mandela, hay que mirar hacia el mañana y, unirse para acabar con la pobreza. A esa unidad invita el nuevo himno nacional con estrofas en tres lenguas africanas, en afrikaner y en inglés. Dice así: 

 "Dios bendiga a África; que alce su gloria. Escúchanos, Señor. Bendícenos, Señor, a nosotros, tus hijos. Señor, te rogamos que protejas nuestra nación. Intervén y cesa todos los conflictos. Protégenos. Protege nuestra nación. Protege a Sudáfrica. De nuestros cielos azules, de lo más profundo de nuestros mares, sobre nuestros montes eternos donde resuenan los ecos por las peñas, suena la llamada a unirse; y unidos permaneceremos en pie. Vivamos y luchemos por la libertad. En Sudáfrica, nuestra tierra. Dios bendiga a África". ¡Gracias, Madiba, por lo que has hecho por la humanidad!

lunes, 31 de mayo de 2010

SOPA DE PIEDRA

SOPA DE PIEDRA 

Hay inquietud sobre cómo la crisis repercutirá en los actos del 2012. Cádiz espera que las autoridades cumplan sus compromisos, y que las grandes obras estén terminadas en ese año. Otra cuestión es que haya o no subvenciones para todos los actos previstos. Pensando en eso, me acordé del cuento "la sopa de piedra". Un día llegó un caminante a un pueblo. Hizo un fuego en la plaza, llenó de agua un caldero que traía, y metió en él una gran piedra. Tras las ventanas, muchos ojos observaban. Al rato, el hombre sacó una cuchara, probó el caldo y sonrió. Los vecinos, curiosos, se acercaron. "¿A qué sabe, si solo es agua y piedra?",preguntaron. "Está buena, aunque un poco sosa", dijo el hombre. "¡Yo tengo sal!", exclamó una vecina que corrió a su casa y regresó, echando un puñado al caldero. "¡Buena está, pero con zanahoria estaría mejor!". Al instante un vecino la trajo. Y todos se dijeron: "¡qué bien vendrían un poco de cebolla, y tocino, y carne, y hasta algunas verduras!"; y, ¡oh sorpresa!, los ingredientes fueron apareciendo porque cada vecino corrió a su casa y encontró en ella justo lo que hacía falta. Han pasado muchos años de aquello, y todavía en el pueblo recuerdan el buen sabor de aquella sopa de piedra, que todos cocinaron. 

Haya o no subvenciones para el 2012, ¡que haya gaditanos! Que todos, personas e instituciones, veamos qué podemos aportar para acompañar al agua y a la piedra. Un Colegio, por ejemplo, dirá a las autoridades: "Disponed, y gratis, de mis instalaciones". Y otro: "Me ofrezco como voluntario"; "Hablo idiomas, cuenten conmigo";"Yo, y mis amigos, que tenemos bares, restaurantes, hoteles, comercios y entidades de crédito, ¡contad con nosotros!", y así un muy largo etcétera. 

En tiempos de Internet, ¿por qué no crea alguien un par de blogs, o algo por el estilo? Uno podría llamarse: "Cádiz, tengo una idea para ti"; el otro: "Cádiz, yo tengo algo que aportar". 

En momentos de crisis: ¡plato único! Y nada de sopa boba: ¡solo sopa de piedra!  
 


lunes, 22 de marzo de 2010

Hace 30 años

Publicado en  Diario de Cádiz el  22 de marzo, 2010

 
El 24 de marzo de 1980, mientras celebraba la Eucaristía, moría asesinado Mons. Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador. Desde entonces, y cada año en esa fecha, por encima de credos y fronteras se hace memoria del buen pastor que, como Jesús y con Jesús, entregó su vida por su pueblo.

¿Qué decir de Mons. Romero? ¿Cómo recordarlo? Tal vez con las palabras pronunciadas por los Obispos que asistieron a su entierro: "Por defender la vida de su pueblo, una sociedad justa y en paz, ha sido asesinado como Jesús. Ante su cadáver, queremos comprometernos en la línea de Mons. Romero. Queremos terminar su misa inacabada, y mantenernos cada vez más firmes en la lucha por la justicia y en ser fieles testigos de Dios y de su Reino".

Con la misma fuerza con la que pronunció su última homilía la víspera de su asesinato, nos siguen llegando sus palabras en las que pedía a los soldados que no siguieran matando al pueblo. "Ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: 'no matar'. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada vez más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!". En África se dice que "la mejor manera de honrar a un muerto es cultivar su campo". Honremos así a Mons. Romero: continuando la misa que no le dejaron concluir; siendo testigos y profetas de vida y esperanza; alzando nuestra voz contra toda injusticia, lejana o cercana; proclamando, con él, que "la gloria de Dios es que el pobre viva".

Tengo una foto en mi despacho en la que Juan Pablo II reza, arrodillado, ante la tumba de Romero. Recemos también nosotros: ¡San Romero de América, ruega por nosotros, por los pobres, y por la Iglesia!

lunes, 8 de marzo de 2010

Raíces y alas

Raíces y alas

Publicado en el Diario de Cádiz, 8 de marzo, 2010

CON marzo ha comenzado, un año más, el plazo para matricular a los alumnos para el próximo curso que comenzará en septiembre. Pensando en esas familias que, con ilusión, van a matricular a sus hijos, y en los profesores que los recibiremos, quiero compartir algunas reflexiones.

Hay una frase del periodista Hodding Carter que me cautiva. Dice así: "Solamente dos legados duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: raíces y alas". Totalmente de acuerdo. Creo, además, que ese es el legado más valioso que un educador puede dejar a sus alumnos. Raíces, para que sepan, y no olviden nunca, quiénes son, de dónde vienen, a qué familia, historia, pueblo, y fe pertenecen; y alas para que, apoyados en esas raíces y fuertes gracias a ellas, puedan volar. Raíces que, sin atar e impedir la vida, den firmeza e identidad; alas que inviten al vuelo sí, pero a un volar con rumbo, con sentido.

Se dice que hoy se ha perdido conciencia del "contrato generacional", ese pacto que nos hacía ser agradecidos a quienes nos han precedido por lo que nos han dejado; y responsables frente a quienes vendrán tras de nosotros, y a los que queremos dejar un mundo mejor del que recibimos. Se dice, también, que este lenguaje es incomprensible porque solo el presente parece tener valor. Me da lo mismo: ese lenguaje es totalmente comprensible para mí, y lo defiendo, lo predico, y trato de que esté presente en mi tarea de educador. Y si ese lenguaje se ha perdido, habrá que recuperarlo. "Raíces y alas". Las dos. Bastaría con que una faltase para que nuestros hijos, nuestros alumnos, no estuvieran preparados, como precisan, para hacer frente a la vida.

Escuchaba a un amigo decir que une más el hacerse las mismas preguntas que el darse las mismas respuestas. Tal vez ése sea el desafío de padres y profesores ante un nuevo curso: ponernos de acuerdo en cuáles son las preguntas verdaderas a las que debemos responder los que, pensando en nuestros hijos y alumnos, los queremos con raíces y alas.

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COLEGIO SAN FELIPE NERI
MARIANISTAS
Cádiz

Avda. Andalucía 82
11008 Cádiz

Telf. 956261753  Fax 956251982
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lunes, 22 de febrero de 2010

Cuaresma y Griñan

Publicado en Diario de Cádiz el 22 de febreo de 2010
 
Cuaresma es un tiempo de esperanza. Comienza con un acto de fe en la persona: "Conviértete, y cree en el Evangelio" se dice el Miércoles de Ceniza. Si se nos invita a  la conversión es porque se nos cree capaz de convertirnos; de mirarnos a nosotros, de poner nombre a nuestras deficiencias y pecados, de hacerles frente, y de cambiar allí donde sea necesario. No es, pues, la Cuaresma un tiempo de caras largas y de pasivas lamentaciones, sino, por el contrario, un tiempo de coraje y confianza. Con Cristo, que ha vencido a la muerte, nosotros también venceremos sobre lo que nos impide vivir en plenitud, y lo que impide que en el mundo haya paz, felicidad, fraternidad y justicia. A esa conversión, a ese cambio, se nos invita. ¿Nos atreveremos? 

Don José Antonio Griñán dijo el sábado 13 de febrero en Córdoba unas palabras que me llamaron mucho la atención. Nuestro Presidente advertía que la Junta y el Estado "no están para solucionar siempre los problemas"; y añadía que: "el estado del bienestar pasivo debe terminar, porque no se puede vivir permanentemente del cuento" (Diario de Cádiz, 14-2-2010).  

Inquietantes palabras, ¿no les parece? ¿A qué se referirá el Sr. Presidente? Sería interesante el saberlo porque así como en la Cuaresma conviene no equivocarse a la hora de identificar de qué hay que convertirse, también aquí se nos invita a mirar la realidad -la nuestra y la social-, y a acertar a nombrar con su nombre correcto lo que impide que Andalucía sea más equitativa, más justa, más productiva y más desarrollada. Y no caigamos en la tentación de creer que esas palabras son "para los otros"; veamos qué nos dicen a cada uno de nosotros. También aquí, en una especie de "cuaresma por lo civil"  y confiados en las posibilidades de nuestras gentes de hacer las cosas mejor, se nos invita a abandonar las malas prácticas. Se nos invita, en definitiva, al coraje y la confianza; a la conversión y al cambio. Como antes, la pregunta es la misma: ¿Nos atreveremos? 

lunes, 25 de enero de 2010

UNIDAD


Unidad

Publicado en Diario de Cádiz el 25.01.2010

 
HOY acaba la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Desde el pasado lunes, en todo el mundo, las Iglesias cristianas han rezado pidiendo la unidad. En el origen de esta iniciativa se encuentra un misionero anglicano, el Rev. Paul Wattson, que en 1908 interpeló a las Iglesias de Europa diciéndoles que con sus viejas divisiones escandalizaban y entorpecían el anuncio del Evangelio.

Ese deseo de unidad existe también en la vida civil. Pocas cosas cansan más a los ciudadanos que el ver que sus dirigentes parecen, a veces, incapaces de escucharse y de respetarse. Por eso, y aún en medio de la terrible desgracia de Haití -"Yo también soy haitiano" ha dicho el mundo, solidario-, hay que señalar alguna noticia reconfortante.

Por ejemplo, el que Cuba haya dado permiso a que los aviones norteamericanos que transporten ayuda o heridos, puedan sobrevolar su espacio aéreo. O que el mundo haya visto la intervención del Ejército de los Estados Unidos no como una ocupación, sino como un ejercicio de solidaridad. Ante la desgracia apocalíptica, el mundo ha olvidado sus diferencias, uniéndose para socorrer a un pueblo masacrado.

También fue buena noticia el ver al candidato perdedor de las elecciones chilenas, Eduardo Frei, apresurándose a felicitar y ofrecer su colaboración al vencedor, Sebastián Piñera; y a éste, a su vez, apresurándose a aceptar la mano que se le tendía. Actuando así, crece la estima de los ciudadanos por sus políticos.

Es también buena noticia el que en Cádiz haya un clima de diálogo entre las autoridades municipales y autonómicas y las iniciativas ciudadanas que piden un debate en torno al transporte en la ciudad, o algunas obras a realizar para el 2012. El que en vez de descalificaciones haya habido escucha, ha sido muy valorado. Con actitudes así hacemos verdadera educación para la ciudadanía porque decimos a nuestros jóvenes que los mayores también somos capaces de entendernos. Incluso los que tienen responsabilidades públicas. Que dure.
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