domingo, 13 de noviembre de 2011

CAMINO DE SANTIAGO

 

El pasado sábado recibí a un grupo de ochenta alumnos que, junto con sus profesores, regresaban tras hacer el Camino de Santiago.

 

Cansados pero muy satisfechos, seguro que nunca olvidarán esa experiencia. Rodeados de sus familias, los peregrinos formaron un círculo: unidas las manos, dieron  gracias a Dios por esos días pasados juntos, y pidieron los unos por los otros. Para que, en el camino de la vida, recuerden siempre de dónde vienen y a dónde quieren llegar.

 

Al inicio del Camino, días atrás, en la Eucaristía de envío, el sacerdote Ignacio Sánchez Galán les dijo algunas  cosas muy hermosas.

 

Quien hace el Camino, dijo, pisa por donde, antes de él, lo han hecho millones de hombres y mujeres, inquietos y buscadores, que no se han conformado con una vida ni una fe cómodas sino que  han salido de su tierra y de su vida de todos los días para encontrarse con Jesús, allí donde uno de sus apóstoles, Santiago, está enterrado. Les recordó además que, rumbo a Compostela, y mientras disfruta de la belleza del paisaje,  el peregrino camina también al interior de sí mismo y, en momentos de silencio y contemplación, se comprende mejor tal como es, y se acepta más; descubre sus talentos, y se compromete a cultivarlos para ser más  feliz y  para hacer que los demás también lo sean.  El Camino, añadió Ignacio,  es una experiencia de soledad que, sin embargo,  no hace del caminante un solitario. Como en la vida, se camina junto con otros, conocidos o no, pero siempre hermanos, complementarios; con los que hay tanto que escuchar y compartir.

 

Viendo a esos jóvenes  yo recordaba los versos de José Agustín de Goytisolo en su poema Palabras para Julia: "Nunca te entregues ni te apartes, junto al camino nunca digas, no puedo más y aquí me quedo". El Camino de Santiago: una hermosa metáfora de nuestra vida. Como dijo San Juan Crisóstomo: "Los Magos no se pusieron en camino porque vieron la estrella; vieron la estrella porque estaban en camino". ¡Ultreya!¡Siempre  adelante!

¡Indignaos!

 

"Frente a los peligros que afrontan nuestras sociedades es tiempo de decisión, de participación, de no resignarse. Es tiempo de democracia genuina. Tiempo de movilizarse, de ser actores y no solo espectadores impasibles, progresivamente uniformizados, gregarios, obedientes. Es hora de actuar".

 

Estas palabras son de Stéphane Hessel, berlinés nacido en 1917 que luchó contra el nazismo, y que logró sobrevivir al campo de concentración de Büchenwald. Tras la guerra fue uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Desde entonces, y hasta el día de hoy, sigue militando a favor de la paz. Su libro, "¡Indignaos!"(diciembre 2010), lo han leído millones de personas.

 

Recientemente he conversado con varios amigos sobre nuestra común preocupación por los momentos que estamos viviendo. Pensábamos que hemos perdido el rumbo; que es como si todo diera lo mismo. Y que si el presente es ya muy inquietante, da vértigo imaginar el futuro que dejaremos a las próximas generaciones.

 

Conocemos bien la realidad, y, por eso, no me detendré ni a llorar sobre ella, ni a describirla. Sí quiero decirles -y decírmelo a mí mismo- que frente al actual estado de cosas todos podemos y debemos hacer algo. Es evidente que quienes nos gobiernan y lideran tienen su parte de responsabilidad, pero es también cierto que, como dice Hessel, nos corresponde a todos dejar de ser simples y criticones espectadores. Debemos tomarnos más en serio nuestra condición de ciudadanos. Debemos reaccionar. Debemos actuar. El futuro es tarea de todos, y no hay recetas mágicas.

 

Hace veinte años surgió la ONG "Madre Coraje". Su fundador, Antonio Gómez, dijo que descubrir la injusticia que había en Perú le cambió, para siempre,  la vida. "He visto y he creído", decía Blas de Otero. La sociedad necesita que también nosotros "veamos", nos indignemos, y digamos que no es posible seguir así. Que creamos que somos capaces de hacer las cosas mejor, y que nos pongamos a ello. Que reaccionemos.

 

POURQUOI-PAS?


¡Hay que ver todo lo que se aprende en la consulta del dentista! El otro día, mientras esperaba, me entretuve leyendo un libro que hablaba de viajeros y exploradores. Entre otros apasionantes personajes encontré al francés Jean-Baptiste Charcot  que, hace cien años, surcaba con su barco las aguas de la Antártida. Junto al valor de aquellos hombres me llamó la atención el nombre de su barco:"Pourquoi-pas?". El"¿Por qué no?" terminaría sus días, años más tarde, cerca de Islandia, donde la sed de aventuras de su capitán le había conducido.

 

"Pourquoi-.pas?", extraño nombre para un barco, me hizo preguntarme si tenemos en nuestra vida una actitud semejante a aquel "¿Por qué no?". ¿Tenemos el coraje de atrevernos a hacer algo arriesgado, algo que se aparte de la rutina de todos los días? ¿Tenemos el valor de emprender algo nuevo cuando lo cotidiano parece no dar más de sí? En muchas ocasiones, creo que no. Otras veces, sí que lo tenemos. Acabo de ser testigo del valor de unos padres que, por amor a su hijo, se han atrevido a tomar una decisión difícil y arriesgada: cambiarle del Colegio en el que estaba, a pesar de apreciarlo mucho, para ver si en otro nuevo algunas cosas le iban mejor al niño. ¡Chapeau! Como este ejemplo, seguro que entre nosotros, y sin tener que irnos a la Antártida, podemos encontrar y protagonizar actos semejantes.   

 

Alvar Gómez de Castro, allá por el siglo XV, decía: "No es vencido aquel que sobre su defendimiento, no mostrando cobardía, hace lo que puede hasta que el aliento y la fuerza le falta y cae a los pies de su enemigo; que vencido es aquel que deja de obrar lo que hacer podría por falta de corazón".

 

Leía hace poco una frase que me gustó y no tardé en incorporar a mi colección: "Son muchos más aquellos que renuncian, que los que son vencidos". ¿Será verdad? ¿Nos faltará ese coraje de atrevernos a decir: "¿por qué no?", y ponernos en marcha?   Probablemente a nuestras vidas, y a nuestra tierra, ese espíritu nos vendría muy bien. 

PUNTUALIDAD

Don Luis, el cura del pueblo durante cuarenta años, se iba a jubilar y los vecinos le quisieron hacer un homenaje. Invitado a hablar, dijo lo agradecido que estaba a todos y  lo mucho que, con el paso de los años, había llegado a quererles. "Y eso que no pude empezar peor". Y añadió: "La primera persona que confesé nada más llegar  me dijo que había matado a alguien; que robaba todo lo que podía a sus vecinos; que había tenido relaciones con la mujer de un amigo; que tomaba drogas, y que pegaba a su familia. Cuando escuché eso me horroricé y me pregunté adónde me había mandado el Obispo. Luego,  al conoceros, he visto que sois unas personas maravillosas". Al terminar de hablar, todos le aplaudieron.

 

En esto, llegó el alcalde que era muy desordenado y nunca llegaba a tiempo a los sitios. Él también quiso sumarse al homenaje y pidió la palabra. "Muchas gracias, don Luis, por todo lo que ha hecho por nosotros. Y permitan que les diga, con orgullo, que yo fui la primera persona del pueblo que se confesó con él".

 

Señor alcalde, ¡no conviene llegar tarde a los sitios!

 

Conocí a un alemán que, por razones de trabajo, viajaba con frecuencia a América del Sur. Contaba que cuando convocaba una reunión decía que empezaría "entre las cuatro y media, y las cuatro treinta". Y, aunque al principio le costó que aceptasen su sistema, llegó a lograr que los que iban a verle se acostumbraran al mismo.

 

Pregunté, recientemente, a un profesor de inglés cómo se diría en su idioma: "primera convocatoria a las cuatro, y segunda a las cuatro y media". Me dijo que eso no existía en inglés. Que si la reunión es a las cuatro, es a las cuatro. Y punto.

 

Ser puntuales. Educarnos en la puntualidad. Para llegar a  tiempo. Para entregar trabajos y cumplir la palabra dada. Puntualidad: una asignatura demasiado pendiente entre nosotros, pero que, como otras muchas, también podremos aprobar si lo queremos. Aunque, como se ha dicho, ¡lo malo de ser puntuales es que nunca haya nadie para apreciarlo!

HACIA DÓNDE MIRAR


Etsuro Sotoo es un escultor japonés que lleva trabajando desde 1978 en la fachada del Nacimiento del Templo de la Sagrada Familia de Barcelona.  Para ser lo más fiel posible al proyecto inicial del edificio,  Etsuro estudió planos, bocetos y otras obras de Gaudí, sin acabar de encontrar la inspiración que buscaba. Lo logró, finalmente. Lo cuenta en su reciente libro, "La libertad vertical. Conversaciones sobre la Sagrada Familia". Dice: "Quería ser fiel al espíritu de Gaudí, penetrar su esencia. Después me di cuenta de que, aun con toda mi buena voluntad, solo podía llegar hasta cierto punto. Entonces me di cuenta de que no debía mirar a Gaudí, sino mirar hacia donde él miraba".

 

Mirar hacia donde él miraba. Leyendo esta frase recordé, de inmediato, lo que Shakespeare hace decir a un personaje en su obra "La Tempestad": "Estamos hechos de la materia de nuestros sueños". Si se quiere conocer cómo es una persona, miremos donde mira, observemos sus sueños.

 

Tal vez en la actualidad no tengamos a nuestro alrededor personas de la talla de Gaudí, pero seguro que hay otras muchas que merece la pena que observemos y miremos  hacia donde miran. Recientemente, en este mismo Diario, Isabel Gavilán recordaba que hay jóvenes comprometidos por conseguir un mundo más justo; o que marchan como cooperantes para llevar esperanza a rincones olvidados del planeta; o que, como inmigrantes,  arriesgan sus vidas para llegar entre nosotros y aliviar su pobreza y la de sus familias. Merece la pena, sin duda, mirar hacia donde esos jóvenes miran; y, como a ellos, mirar a tantas otras personas cuya vida es una fuente de luz, de alegría y de esperanza para los demás. ¡Ojala nuestra vida pudiera ayudar a quien mire donde nosotros miramos!

 

¡Gracias, don Antonio, nuestro obispo emérito, por haber sabido mirar hacia lo mejor del Evangelio: el amor, la solidaridad y el servicio! Con ilusión esperamos a don Rafael, el nuevo obispo, para que nos oriente, también él, con su vida y mirada.

6 MIL MILLONES DE OTROS


 

 

Recientemente he visitado en San Sebastián la Exposición "6 mil millones de Otros". Magnifica. ¡Ojala la pudiésemos ver en Cádiz!  

 

En la exposición no había ni cuadros ni esculturas. Eran 14 tiendas de tela blanca en cuyo interior había una pantalla en la que personas de todo el mundo -en su idioma, pero con subtítulos en español- hablaban de ellos mismos, de la familia, de sus primeros recuerdos, de sus miedos, de la felicidad, del sentido de la vida, del amor, de la mujer, de los padres, de la risa, del llanto, de la libertad, de las diferencias, del perdón, del clima…Un proyecto que inició en 2005 Good Planet, organización dedicada a la protección del medio ambiente. Su fundador, Yann Arthus-Bertrand, dice: "Somos más de 6 mil millones de personas en la tierra, y no habrá desarrollo sostenible si no conseguimos vivir juntos. Hoy, la única posibilidad que nos queda es ir al encuentro del Otro, escuchar al Otro. Comprenderlo. Porque en todas las batallas que nos esperan, ya sea la pobreza o el cambio climático, nos necesitamos unos a otros". 

 

5.600 entrevistas. 78 países. Once horas de grabación, con preguntas como: "¿Qué le gustaría transmitir a sus hijos?, ¿Con qué soñaba de niño?, ¿Con qué sueña hoy?, ¿A qué ha renunciado?, ¿Tiene enemigos?, ¿Por qué?, ¿Por qué razón mataría a alguien?, ¿Por qué razón daría su vida?, ¿Qué es el dinero para usted?, ¿Por qué los hombres se declaran la guerra?, ¿Le gusta su país?, ¿Ha pensado alguna vez en irse de él?, ¿Rinde cuentas a un Dios en su vida de todos los días?,  ¿Qué cree que nos espera después de la muerte?, ¿Me puede recitar alguna oración?, ¿Qué le gustaría cambiar en su vida?, ¿Cuál es el mayor enemigo del hombre?, ¿Cuál es el mayor amigo del hombre?, etc.". Escuchar a esas personas fue una experiencia apasionante.

 

 Mientras iba de una tienda a otra pensé que la Diputación Provincial de Cádiz, con su claustro y sus patios, era el espacio perfecto para esa exposición. ¡Queda lanzado el reto!

 

 

 

NUEVA ETAPA, NUEVOS RETOS

Un amigo, que viaja con frecuencia a Seúl, la capital de Corea del Sur, me dice: "Cada vez que voy, hay un nuevo puente". La ciudad, dividida por un río, no deja de crecer, y para hacer frente a sus nuevas necesidades las autoridades construyen un puente, y luego otro y, si hace falta, otro más.

 

El 11 de junio, en Cádiz como en el resto de los ayuntamientos de España, ha comenzado una nueva etapa política. Frente a los muchos desafíos que nos esperan, ojala también nosotros, autoridades y gaditanos, estemos dispuestos a construir nuevos puentes. Los que hagan falta: puentes entre el gobierno municipal y la oposición; entre el Salón de Plenos y la ciudadanía, etc.

 

En el Salón de Plenos del Ayuntamiento, el pasado sábado, los legítimos representantes de los ciudadanos de Cádiz se comprometían, con la ciudad y con nosotros, a trabajar lo mejor que puedan  los próximos cuatro años. Al mismo tiempo, pedían la colaboración y el compromiso de todos los gaditanos porque ellos solos no pueden lograr lo que Cádiz necesita. Mientras, frente al Ayuntamiento, un grupo de ciudadanos planteaban problemas a los que, sin duda,  hay que hacer frente con urgencia. Tampoco esas personas, solas y al margen de las instituciones, podrán conseguir lo que reclaman. Quienes tal vez por tener más años sabemos lo que es vivir sin democracia, tenemos la obligación de recordar a los que se la han encontrado como un dato adquirido, que la democracia, por imperfecta que sea, es lo mejor que tenemos; y que los males de la democracia se curan con más democracia, respetando las instituciones y haciéndose  presente en ellas. Siendo creativos para encontrar fórmulas que hagan más auténtica nuestra democracia y la vida de nuestras instituciones; pero sin saltos en el vacío.

 

Para gobernar, el Salón de Plenos necesita de la Plaza de San Juan de Dios; para hacer reales sus sueños, la Plaza necesita de ese Salón. Construyamos puentes, sí. Pero estando cada cual donde le corresponde..org

Hace 50 años


Ernesto Sábato, escrito argentino fallecido el pasado 30 de abril, decía en La resistencia,  una de sus obras: "Les pido que nos detengamos a pensar en la grandeza a la que todavía podemos aspirar si nos atrevemos a valorar la vida de otra manera. Les pido ese coraje que nos sitúa en la verdadera  dimensión del hombre. Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que- únicamente- los valores del espíritu nos pueden  salvar de este terremoto que amenaza la condición humana".

 

En un mundo que aplaude -aunque no de modo unánime- la opción norteamericana de preferir la venganza a la justicia, palabras como las de Sábato son imprescindibles y resisten el paso del tiempo. Porque, más que palabras, son retos. Retos que nos desafían a que nos atrevamos a pensar que podemos ser grandes si osamos imaginar el mundo de modo diferente; si tenemos el coraje de apartarnos de esa dinámica del "ojo por ojo", que solo acabará cuando todos seamos ciegos.

 

Ayer se cumplieron 50 años de ese 15 de mayo de 1961 en que Juan XXIII, al publicar su Encíclica "Mater et Magistra", se atrevió, también él,  a desafiarnos. A desafiarnos a que nos acercásemos a la realidad, viésemos cómo era, nos atreviésemos a calificarla moralmente, y, lejos de aceptarla pasivamente, nos decidiésemos a hacer algo que cambiara el rumbo de la historia. Medio siglo más tarde, mucho de lo que denunció el Papa sigue sucediendo: la enorme distancia entre pueblos desarrollados y subdesarrollados; el hambre que sufren millones de personas, la explotación de los trabajadores, de las mujeres y los niños, la carrera de las armas, etc.

 

Que nuestro modo celebrar ese aniversario sea atrevernos a pensar por nosotros mismos; a creer más en nuestras posibilidades como personas y como sociedades para hacer algo distinto y mejor de lo que hemos hecho hasta ahora. Y que sepamos exigírselo a nuestros gobernantes. Para que estemos, como seres humanos, a la altura que nos corresponde.

DOS TEMAS

 

Hoy se celebra el Día Internacional de la Erradicación de la Pobreza. Necesitamos que se nos recuerde que la pobreza sigue existiendo, porque coexistimos con ella con demasiada naturalidad; sobre todo cuando sabemos -¡y lo sabemos!- que cada día mueren de hambre unas 80.000 personas.

 

A causa de la crisis hay millones de personas en España que lo están pasando muy mal y que tienen que ser atendidos sin que se produzcan recortes en las políticas sociales que los protegen. Los demás, los que estamos mejor -aun cuando estemos algo peor que hace unos pocos años -tendremos que irnos haciendo a la idea de que no vamos a volver a vivir como antes.

 

Frente a la pobreza que crece entre nosotros, deben crecer también la justicia social (lucha contra la evasión fiscal, persecución de los paraísos fiscales, etc.), y la solidaridad ciudadana. Hace años inventé un nuevo impuesto: el I.S.L.A. (Impuesto Solidario Libremente Asumido), que consistía en que, libremente y sin que nos lo pida nadie más que nuestra conciencia, diésemos un tanto por ciento de lo que gastamos, en favor de quien necesita ese dinero para vivir.

 

Junto a ello, y porque miles de personas mueren de hambre cada día, no podemos permitir recortes en la Ayuda Oficial al Desarrollo. Por mucha crisis que tengamos aquí, nunca se podrá comparar con el genocidio que estamos perpetrando en los países empobrecidos. Aunque tengamos que apretarnos más el cinturón. "Los ricos debemos vivir más sencillamente para que los pobres puedan, sencillamente, vivir".

 

Ese era el primer tema. El segundo es éste. Leo en la prensa que un joyero ha sido acusado de comprar oro robado; que un joven lo ha sido de asesinar a un anciano para robarle; o que han detenido a una persona con varios kilos de droga. En todos esos casos veo que no aparecen ni las fotos ni el nombre completo de esas personas. Me alegro de que haya sido así. Otro modo de informar provocaría un absoluto rechazo social en muchos ciudadanos, entre los que me encuentro.

 

Buenas noticias en educación


La primera buena noticia es la ilusión con la que miles de familias se han acercado a Colegios e Institutos para matricular a sus hijos para el curso próximo. Pero hay más.

 

Dado que la educación de niños, adolescentes y jóvenes, necesita la complicidad entre familia y escuela -remando juntos en la misma dirección-, tenemos que estar muy contentos con dos encuentros que se han celebrado en San Fernando y Cádiz el 9 y 10 de abril.

 

Ese fin de semana, las asociaciones de padres de alumnos que estudian en centros públicos (FEDAPA) o concertados (FECAPA) han celebrado reuniones con la participación de familias, alumnos y docentes. Esos encuentros, festivos y formativos, han reforzado el vínculo necesario -"contrato educativo" dicen algunos-, que hace coautores del proceso educativo a padres y colegios. Que muchas personas se unan para comprometerse con la educación es una buena noticia. Hay otras.

 

En Málaga se reúnen periódicamente a comer los representantes de las patronales de los centros educativos andaluces con los responsables de educación de un sindicato muy implantado en la Región. Pues bien, ese encuentro se ha producido por primera vez en Cádiz la semana pasada con el objetivo de que responsables sindicales y patronales se conocieran personalmente mejor, y conocieran mejor las posturas que, en educación, tiene cada uno. Ya saben: "más explica una pierna de cordero comida juntos, que muchas reuniones". Ese diálogo: otra buena noticia.

 

También lo son algunas tertulias en periódicos, radios, o televisiones que se producen con frecuencia y en las que, por encima de algunos puntos de vista diferentes, une a los participantes el deseo de educar cada vez mejor y acabar con el fracaso escolar.

 

"No hay situaciones desesperadas, solo personas que se desesperan" dice el proverbio tibetano. Hay buenas noticias en educación: no desesperemos. Unidos, familia y colegio, podemos más. Como se ha dicho: "El Colegio, tarea de todos", o, "Juntos, avanzando".

Equipados para el curso

 

Con gran interés comencé a leer un artículo que llevaba por sugestivo título: "equipados para el curso", Mi interés se desvaneció al instante: el artículo hablaba de moda, y de diversos complementos para niños. Lo confieso: me escandalizó tanta frivolidad. Y, añado: me sorprende que no haya voces de padres y madres de familia que denuncien  este tipo de campañas publicitarias que se repiten todos los años por estas fechas.

 

Lo que nuestros hijos y alumnos necesitan; lo  que necesita nuestro sistema educativo; lo que necesitamos familias y educadores, es algo totalmente distinto a pantalones y faldas de marca, o a simpáticos gorritos de diseño.

 

Pensando en todo esto, recordé la respuesta que daba el beato Guillermo José Chaminade, fundador de los marianistas, cuando le preguntaban por qué sus religiosos vestían como los hombres de su tiempo y no llevaban hábito. "Lo esencial es lo interior", respondía, citando, sin conocerlo probablemente, el refrán español: "El hábito no hace al monje". Pues bien, tampoco el jersey o la blusa de moda "hacen al estudiante". Otras cosas sí. ¿Cuáles? Les indicaré algunas.

 

En primer lugar, realismo. Nuestros alumnos necesitan saber lo que son, lo que se están jugando, y lo que se espera de ellos. Son niños o jóvenes por los que toda la sociedad está trabajando y se está sacrificando. Para que se formen y puedan ser, cuando les llegue el momento, buenos ciudadanos, garantes del bien común. Por eso, no podemos consentirles todo. Necesitan también crecer en responsabilidad, y a nosotros, los adultos, nos corresponde el ayudarles a que lo sean cada día más. Responsables en sus estudios, que son, en la actualidad,  su trabajo; en el modo dialogante, respetuoso y justo  de comportarse con los demás; en el cuidado de su persona y salud, etc.

 

Solo con firmes actitudes así, y no con frivolidades, estaremos equipados para el nuevo curso. Que cada uno de nosotros sepa estar a la altura que le corresponde. ¡Buen curso a todos!  

De naranja


Los jóvenes son siempre noticia, entre otras cosas, porque decir "joven" es decir "futuro". ¡Bien lo sabía el criminal noruego que al asesinar a casi sesenta jóvenes quería cambiar el futuro de su País!

 

Estos días, otro tipo de jóvenes han sido también noticia. Los hemos visto en Londres saqueando, destruyendo, asesinando. Robando, incluso, a jóvenes malheridos. Hemos visto también cómo se comportan otros jóvenes, en Lloret de Mar, ¡y más cerca, que La Punta está en Cádiz!, cuando beben hasta perder el control de sí mismos y, a veces, hasta perder la vida. ¿Qué me dicen de la moda de tirarse desde los balcones a la piscina del hotel?

 

Estos jóvenes son la peor cara que el futuro nos puede ofrecer. Pero son nuestros hijos.  Hijos de esas familias que toleran que sus hijos e hijas adolescentes se emborrachen; de quienes les venden alcohol; de esas autoridades que parecen no darse cuenta de la gravedad de la situación y de las consecuencias -personales, familiares, sanitarias, laborales, etc.- que nos esperan. Además, esos jóvenes estudian o habrán estudiado en algún sitio: también los centros educativos tendrán algo que ver en todo esto, digo yo.

 

Pero hay también otros jóvenes, y a ellos me quiero referir. Jóvenes que, procedentes de Guatemala, Polonia, Panamá, Rusia, Canadá, etc., han llenado las calles de Cádiz con el alegre color naranja de sus mochilas e identificaciones. Jóvenes que, tras mucha preparación y esfuerzo, se han puesto en camino y han recorrido miles de kilómetros detrás de Alguien -Jesús- que para ellos es importante. Esos peregrinos, así como los voluntarios gaditanos que les han acompañado, no solo han aportado un hermoso color a las calles de Cádiz; han aportado, sobre todo, esperanza. ¡Mientras haya jóvenes dispuestos a ponerse en marcha en pos de lo que creen, habrá futuro! Gracias, don Antonio, obispo; Andrés; José Manuel; Rosa y Antonio, y todos los voluntarios, por ofrecer este regalo a nuestra, demasiada tranquila,  sociedad gaditana!

VOLUNTARIADO

 

"Hace más ruido un árbol que cae, que todo un bosque que crece". Recordaba recientemente esta frase, aplicable a muchos ámbitos de la vida,  cuando despedía a un grupo de jóvenes que iban, como voluntarios, a participar en un programa de ayuda a niños de la calle en Marruecos.

 

¡Voluntarios! ¡Cuánto bien hacen, y con qué poco ruido! Seguro que en España hay millones de voluntarios y de voluntarias que dedican parte de su tiempo, es decir,  parte de su vida, a cuidar y visitar enfermos o presos, atender ancianos, acompañar niños, acoger inmigrantes, escuchar solitarios, ayudar a estudiantes con problemas, echar una mano en comedores para indigentes, ser catequistas o guías culturales, cuidar la naturaleza, etc. etc.

 

Este año estamos celebrando el Año Europeo del Voluntariado. Seguro que la mayor parte de nosotros no nos habíamos enterado. No está habiendo, en efecto, grandes festejos, y, sin embargo, creo que el Año se está celebrando del mejor modo posible: cada día, y en cualquier rincón de España, un hombre o una mujer, mayor o joven, lejos de pensar solo en sí mismo  se pone las pilas para echar una mano allí donde se necesita. Esos voluntarios, los buenos samaritanos de hoy, no pasan de largo de los problemas de los demás sino que son capaces de acercarse al que los necesita, curarlo, montarlo en su propia cabalgadura y, hasta echar mano a su bolsillo para pagar los gastos que hagan falta.

 

Aunque esas personas no buscan el reconocimiento social y siempre te dicen que "reciben mucho más de lo que dan", la sociedad necesita saber que esos voluntarios existen. Necesita conocer que hay quienes, desinteresadamente, se dedican a curar heridas, y a hacer nacer sonrisas en rostros cansados, solitarios o tristes. Lo bueno, además, es que esas personas son como usted y como yo; y  que, por eso mismo, usted y yo podemos animarnos a ser también voluntarios. "Contigo soy voluntario, gracias a ti soy más persona", leía, hace tiempo, en una camiseta. ¿Nos animamos?  

¡GRACIAS, FAMILIAS!


"La obra la hemos visto ya muchas veces, pero tenemos que venir: ¡son nuestros niños!".Estas palabras me las decía un padre tras asistir, por enésima vez, a la representación de una obra de teatro en la que actuaba un hijo suyo. ¿Cómo no iba a ir, aunque se la supiera de memoria: "¡Son nuestros niños!".

 

Recuerdo esta anécdota ahora que estamos terminando el curso académico 2010-2011. Si el año pasado por estas fechas escribí agradeciendo a los docentes su trabajo, este año, sin olvidar a aquellos, quiero referirme, de modo explícito, a las familias.

 

Es imposible imaginar la educación sin el apoyo de las familias. Al matricular un hijo en un colegio, los padres están simbólicamente firmando con el centro educativo un pacto por el que se comprometen a acompañar unidos, familia y escuela, el caminar de sus hijos y alumnos en su infancia, adolescencia y juventud. Todos sabemos hasta qué punto los padres y madres se toman con absoluta seriedad su parte en el contrato: los hijos son lo primero. Y por eso están siempre ahí: en el teatro, y en las tutorías; en los deportes y ayudándoles en sus tareas escolares. Preocupándose cuando ven a sus hijos con dificultades; sin comprender del todo lo que está pasando; y no acertando a ver el modo de ayudarles. Pero ahí siempre: sin tirar la toalla.

 

No es nada fácil ser padre o madre. "Para eso no se dan títulos en ningún colegio" me decía uno de ellos. Es verdad que a veces te arrepentirás de no haberte comido a tu hijo cuando era pequeño, pero es más verdad que los padres saben ser pacientes y respetar  el ritmo de crecimiento de un hijo, de una hija, porque no ignoran que si se estira el tallo de una planta para que crezca más deprisa, lo que sucederá  es que se rompa el tallo.

 

Escuchemos a las familias. Ayudemos a las familias. Pero, sobre todo, agradezcamos a las familias lo que hacen por sus hijos, por nuestros alumnos, en definitiva, por toda la sociedad. ¡Gracias, familias (abuelos incluidos), y buen verano!

CONSENSO Y OXÍGENO

"Javier, eres un obseso del consenso", me decía un amigo comentando estas columnas que escribo en Diario de Cádiz. "Obseso no, le contesté, pero decidido partidario, sí".

 

Escribo este texto en la semana siguiente a las elecciones municipales. Cádiz ha hablado, y sabemos quién va a gobernar la ciudad  y quien va a estar en la oposición. Quiero felicitar a unos y a otros por haber recibido el apoyo de miles de gaditanos. Se acabó la campaña electoral: ahora toca sacar adelante la ciudad. Y es ahí donde aparece la famosa palabra consenso.

 

Los ciudadanos de Cádiz agradeceríamos mucho que, en los próximos años, viésemos a  nuestros representantes haciendo un esfuerzo por trabajar unidos por el bien de la ciudad. Desearíamos que el equipo de gobierno, al gobernar, escuchara y tuviera en cuenta aportaciones útiles para Cádiz aunque provengan de la oposición. A ésta le pediríamos que apoyase las medidas del gobierno municipal, sin son positivas para Cádiz. Los ciudadanos pedimos esto porque somos capaces de comportarnos así. El otro día fui a una tienda a comprar un recuerdo turístico. El vendedor me dijo que no tenía lo que yo quería, pero que lo encontraría en otra tienda. Y me dio la dirección. Cuando alabé su conducta, se extrañó y me dijo que era  normal: que tanto él como el de la otra tienda eran compañeros, y que había que apoyarse.

 

Por razones de trabajo he podido ir muy poco al Palillero. Y lo lamento, porque allí hay mucho dolor y mucha verdad. Quienes tenemos alguna responsabilidad social deberíamos ir allí. Para pedir perdón por haber permitido que el sistema se construyera  sin haber tenido en cuenta a tantas personas. Para escucharles. Para pedirles que sigan aportando oxígeno a nuestro oxidado sistema circulatorio. Para agradecerles lo que han hecho. Para pedirles que nos sigan "molestando". "Pienso, luego estorbo" dice uno de sus carteles.

 

"Cádiz, tarea de todos". Del gobierno municipal y de la oposición. De los ciudadanos. Del Palillero.