"Hace más ruido un árbol que cae, que todo un bosque que crece". Recordaba recientemente esta frase, aplicable a muchos ámbitos de la vida, cuando despedía a un grupo de jóvenes que iban, como voluntarios, a participar en un programa de ayuda a niños de la calle en Marruecos.
¡Voluntarios! ¡Cuánto bien hacen, y con qué poco ruido! Seguro que en España hay millones de voluntarios y de voluntarias que dedican parte de su tiempo, es decir, parte de su vida, a cuidar y visitar enfermos o presos, atender ancianos, acompañar niños, acoger inmigrantes, escuchar solitarios, ayudar a estudiantes con problemas, echar una mano en comedores para indigentes, ser catequistas o guías culturales, cuidar la naturaleza, etc. etc.
Este año estamos celebrando el Año Europeo del Voluntariado. Seguro que la mayor parte de nosotros no nos habíamos enterado. No está habiendo, en efecto, grandes festejos, y, sin embargo, creo que el Año se está celebrando del mejor modo posible: cada día, y en cualquier rincón de España, un hombre o una mujer, mayor o joven, lejos de pensar solo en sí mismo se pone las pilas para echar una mano allí donde se necesita. Esos voluntarios, los buenos samaritanos de hoy, no pasan de largo de los problemas de los demás sino que son capaces de acercarse al que los necesita, curarlo, montarlo en su propia cabalgadura y, hasta echar mano a su bolsillo para pagar los gastos que hagan falta.
Aunque esas personas no buscan el reconocimiento social y siempre te dicen que "reciben mucho más de lo que dan", la sociedad necesita saber que esos voluntarios existen. Necesita conocer que hay quienes, desinteresadamente, se dedican a curar heridas, y a hacer nacer sonrisas en rostros cansados, solitarios o tristes. Lo bueno, además, es que esas personas son como usted y como yo; y que, por eso mismo, usted y yo podemos animarnos a ser también voluntarios. "Contigo soy voluntario, gracias a ti soy más persona", leía, hace tiempo, en una camiseta. ¿Nos animamos?

No hay comentarios:
Publicar un comentario