viernes, 20 de julio de 2012

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domingo, 8 de julio de 2012

SESIÓN DE CLAUSURA DEL CURSO ACADÉMICO 2011-21 ATENEO LITERARIO, ARTÍSTICO Y CIENTÍFICO DE CÁDIZ

SESIÓN DE CLAUSURA DEL CURSO ACADÉMICO 2011-21
ATENEO LITERARIO, ARTÍSTICO Y CIENTÍFICO DE CÁDIZ

Viernes, 29 de junio 2012

"El futuro nos pertenece: retos y esperanzas"
Javier Anso Bernard


Saludo inicial:

Sr. Don Vicente Sánchez, Teniente de Alcaldesa,
y Señoras Concejalas, representantes del Pueblo de Cádiz,
Sr. Presidente del Ateneo Literario, Artístico y Científico de Cádiz.
Queridos amigos todos.

Quiero agradecer, Sr. Presidente, el que se me haya dado la
oportunidad de pronunciar unas palabras en el acto de clausura del
Curso Académico 2011-2012 del Ateneo de Cádiz. Como ateneísta en
activo, me siento muy honrado por ello. Más aún, como ateneísta que
en breve lo será bajo la categoría de emérito o virtual, me siento,
además de honrado, muy agradecido al disponer de esta oportunidad en
la que compartir con Ustedes algunas reflexiones y algunos deseos.

Pero antes de comenzar a desarrollar lo que quiero decirles,
permítanme un comentario, un poco off the record, sobre el título de
esta intervención.

Cuando Ignacio, nuestro Presidente, me llamó para ofrecerme la
posibilidad de hacer esta presentación, estuvimos hablando brevemente
del posible título, y acordamos el que figura en la invitación: "El
futuro nos pertenece: retos y esperanzas".

La segunda parte, lo de "retos y esperanzas" no me inquieta, pero la
primera parte confieso que sí, y ¿saben por qué? Porque me recordó,
de pronto, aquel grupo de adolescentes de las juventudes hitlerianas
que en la película "Cabaret" cantaban con entusiasmo: "Tomorrow
belongs to me". Ese: "El mañana me pertenece", me sonó, de repente,
muy parecido al título de mi intervención; y me alarmé, y no poco.
Ese susto, y no cualquier otro motivo, fue lo que me hizo llamarte al
día siguiente, Ignacio, para preguntarte si ya se habían repartido las
invitaciones, porque , de no ser así, hubiésemos todavía podido
cambiar alguna palabra, pero, dado que ya había comenzado la
distribución, no te quise decir el verdadero motivo de mi llamada.

Teniendo, entonces, que moverme en el marco del título anunciado,
busqué argumentos con los que defenderlo. Y encontré dos buenos
aliados en mi empeño.

El primero de ellos, aunque no en sentido cronológico, fue el
canciller alemán Willy Brandt, que, en una ocasión, dijo: "Hay dos
clases de personas: las que se limitan a esperar el futuro; y las que
organizan el futuro". Y de repente me dije: "¡Vaya, en este sentido sí
que puedo mantener el título, ya que el futuro nos pertenece en la
medida en que no nos limitemos, con los brazos cruzados y en pasiva
resignación, a esperarlo; y sí, por el contrario, nos pongamos a
imaginarlo y construirlo!".

Y junto al alemán Brandt, el sevillano don Antonio Machado.
Recordé, de repente, unos versos que también vinieron en mi ayuda. Se
encuentran en el hermoso y desafiante poema "Una España joven",
escrito en 1914. Esos versos decían: "El hoy es malo, pero el mañana
es mío".

El futuro nos pertenece en la medida en que queremos contribuir a
hacerlo, y no solo esperarlo; y si podemos ayudar a construir el
futuro es porque "el mañana es mío", si queremos que, efectivamente,
lo sea. Si nos ponemos en marcha para conseguirlo.

Por eso, señoras y señores, y sin más dilaciones, comienzo a dar
lectura a la presentación que he preparado.

"El hoy es malo", decía el poeta. Y con él, lo decimos nosotros. No
son buenos estos tiempos en que nuestras sociedades parecen navegar
sin brújula ni cartas de navegación en las manos, y sin que
encontremos estrellas que en el cielo nos digan el camino. No son ni
buenos ni fáciles estos tiempos en los que tratamos de entender qué
nos ha pasado, y, todavía con más dificultad, intentamos saber hacia
dónde queremos ir. ¿El hoy es malo? Muy bueno, desde luego, no lo es
para muchos millones de nuestros compatriotas; ni tampoco para muchos
miles de gaditanos. Y no digamos nada para quienes, en los países
empobrecidos del mundo, viven en condiciones tales que la crisis no
les ha supuesto casi novedad alguna.

En ese hoy tan complejo, difícil y desorientado, el Ateneo de Cádiz
ha sabido estar presente. La Memoria de Actividades de este Curso que
ahora termina, permitirá hacerse una idea exacta de la actividad que
se ha desarrollado. Yo, simplemente, recordaré algunos datos que,
como todos los años anteriores, también en este que hoy concluye,
sorprenden y abruman.

En el presente curso, desde octubre hasta junio, se han celebrado en
el Ateneo 210 actos. Han ingresado en nuestra Institución 16 nuevos
miembros. Se han celebrado 9 mesas redondas y debates, todos ellos en
torno a temas de gran actualidad ciudadana, que han contado, además,
con la presencia de algunos de los más importantes protagonistas
directos de la actividad política local.

Se han concedido los diversos Premios que tiene instituido el Ateneo
de Cádiz. Se entregó, en su Décima Edición, el Drago de Oro a don José
Ramón Pérez Díaz Alersi. En sus Décima Segunda Edición, se entregaron
los Premios Gaditanos del Año en sus diez modalidades. Por Octavo año
se entregaron los Premios Gaditanos de Ley, que recayó en esta ocasión
en Dª Teófila Martínez, Alcaldesa de Cádiz, así como los Premios
Ilustración a los mejores expedientes académicos de la Universidad de
Cádiz. Este año aparecerá el número 12 de la Revista del Ateneo, que
recoge la memoria de nuestras actividades, así como otros interesantes
textos escritos expresamente para esa publicación.

En definitiva, un año muy rico en contenido y que continúa esa
tradición de años anteriores en los que, y por hablar solamente de
los últimos doce años en los que don Ignacio Moreno nos ha presidido,
se han celebrado más de 2.200 actos culturales de diversa naturaleza.

Pero volviendo a los celebrados en este Curso académico que ahora
termina, quisiera señalar que muchas de las actividades realizadas
han tenido la vocación y el compromiso de acompañar a Cádiz, Ciudad
Constitucional, en la Celebración del IIº Centenario de la
Constitución de 1812, como podrán comprobarlo consultando la Memoria
Anual. En este año tan especial para Cádiz, el Ateneo no ha querido,
en modo alguno, estar ausente.

La celebración del Bicentenario, además, ha motivado el que los
Ateneos hermanos de Andalucía compartieran con nosotros una Jornada en
Cádiz que resultó muy interesante y de la que todos los asistentes
acabaron encantados.

Hasta aquí henos llegado. Así hemos respondido a las necesidades de
este Curso pasado, de nuestro hoy, que hemos visto que es malo o, por
lo menos, complicado. Y no bueno del todo.

Ahora bien, recuerden cómo proseguían las palabras del poeta:"El hoy
es malo, pero el mañana es mío".

Y de ese mañana quiero yo hablarles ahora.

Dentro de poco me referiré a algunos de los retos y esperanzas del
Ateneo de Cádiz para el futuro inmediato pero, ahora, permitan que me
detenga por un momento en reflexionar desde dónde hace frente nuestra
Institución los tiempos por venir.

Lo hacemos desde la seguridad que nos da nuestra identidad y nuestra
experiencia de 154 años. Nuestro saber ser y hacer desde aquel ya
lejano 1858 en que fuimos creados. Fíjense: ¡el segundo Ateneo de
España, y el primero en Andalucía!

Lo hacemos desde la fuerza que nos da el camino recorrido, y desde el
saber hacia dónde queremos caminar. Desde el saber qué se espera de
nosotros, y qué esperamos nosotros de nosotros mismos.

¡Qué bellamente se describe todo eso en el Preámbulo de los Estatutos
de la Federación de Ateneos de Andalucía (aprobados en Málaga el 15 de
diciembre del 2007)! Allí se lee:


"Se dice de nosotros que somos una aleación de cultura y libertad.
Creemos como dogma de fe en lo que decía Unamuno: "Solo el que sabe es
libre, y más libre el que más sabe. Solo la cultura da libertad. No
proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino
dad pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura".

Estas palabras constituyen tanto un desafío como una guía para nuestro
camino. Eso sí, habrá que evitar todo rastro de "elitismo
intelectual", recordando que el pueblo no solo puede recibir la
cultura que nosotros, u otros, le proporcionemos, sino que el pueblo
-que somos todos- es el gran creador de la cultura, y que las
restantes, y la del Ateneo por tanto, lo serán en la medida en que se
inserten en aquella.

En todo caso, permitan que les diga, empezando a pensar ya en clave
cubana, que aquellas palabras me recuerden las de José Martí: "Ser
cultos, para ser libres".

Además de nuestra identidad y nuestra historia; además de ese mapa
que son los Estatutos que compartimos con los demás Ateneos de
Andalucía, tenemos todavía en nuestro haber, una realidad más y de
gran valor: el clima, el ambiente, las relaciones que existen en el
interior del Ateneo de Cádiz entre sus cientos de socios. Ese
espíritu de libertad y de respeto que queremos transmitir, se vive,
día a día, entre los miembros del Ateneo. No podría ser de otro modo,
porque "nadie da lo que no tiene". Sin ser iguales -¡qué ser humano
es igual a otro!-, sabemos complementarnos y enriquecernos. Sabemos
vivir en la diversidad y crecer con ella.

¡Qué bien resumía un ateneísta muy querido y aquí presente, don
Vicente Mira, este espíritu, cuando decía recientemente: "El Ateneo es
el país en el que me gustaría vivir". Un país donde el diálogo y el
respeto, al servicio del bien común, son las únicas normas:
universalmente aceptadas, universalmente seguidas.

No es casual que, al ingresar en el Ateneo, y como uno de los ritos de
iniciación, se fotografíe al nuevo miembro entre otros dos de los
muchos que le han precedido: don José María Pemán, y don Rafael
Alberti. Ese acto, lleno de simbolismo, se repite una y otra vez,
siempre que alguien ingresa al Ateneo. Por esa foto, y con orgullo,
hemos pasado todos los ateneístas aquí presentes, al menos en los
últimos tiempos.

Es un símbolo que va mucho más allá de lo meramente estético. Es un
compromiso. Una declaración de intenciones. Una condición, casi, que
se pone al candidato al ingresar en esta noble y antigua Institución.
Es como si se le preguntara: "¿Aceptas convivir con Pemanes y
Albertis? ¿Te crees capaz de ello?". Solamente una respuesta
afirmativa abre la puerta que lleva al Salón Principal del Ateneo
donde se procederá al Acto de Ingreso. Cualquiera otra, una respuesta
negativa o una dubitativa, bloquearían el mecanismo de acceso, y esa
puerta no se abriría. Al que responde que sí, y se compromete a ello,
se le admite como socio, porque solo es digno de serlo quien afirma
que todas las personas pueden cambiar en su vida, y todas tienen algo
aportar en la construcción del bien común.

El ateneísta que ingresa en el Ateneo de Cádiz tiene que ser capaz de
hacer suyas las palabras que Fernando Arrabal escribiera a Pemán en
1961, al dedicarle su libro "Théatre": "Me alegró mucho recibir su
carta. Pienso q hace solo 25 años nos hubieran separado discrepancias
insuperables y hoy Vd me llama "mon cher confrère", y yo a Vd, con
satisfacción, 'mi querido colega'. Deseo que siempre podamos
saludarnos cordialmente".

Quien desea ingresar en el Ateneo de Cádiz debe ser capaz de hacer
suyas las palabras de Gabriel Celaya, al dedicar uno de sus libros
"Poesía (1994-1961): "A José María Pemán, porque a pesar de todo lo
que nos separa, creo en la reconciliación nacional".

Quien ingresa en el Ateneo debe hacer, además, profesión de amor a
Cádiz. Y de compromiso con la Ciudad y sus gentes. Viviendo, parte al
menos de su vida, en clave gaditana. Como escribía Alberti en su "Ora
Marítima":

"Llamando siempre Cádiz a todo lo dichoso,
lo luminoso que me aconteciera".

¿Desde dónde, además, hace frente el Ateneo a sus desafíos, retos y
esperanzas? Desde el aprecio de una Ciudad que le reconoce como a un
hijo precioso y predilecto, y que, por ello le premió un día con su
máxima distinción, La Medalla de Oro de la Ciudad, y le premia, día a
día, con su apoyo y afecto.

Y, finalmente, y junto a sus cientos de socios, que somos el principal
activo del Ateneo, la nueva Junta de Gobierno recién constituida y
que, con la prudente y sabia conducción de nuestro reelegido
Presidente, don Ignacio Moreno, sabrá llevar adelante el Ateneo en los
próximos años.

¡Muchas felicidades, Ignacio y demás amigos y miembros de la Junta!
¡Ánimo en la tarea que os espera! Estoy
a que, estoy seguro, me llegarán ecos de los logros conseguidos!

Aunque no creo que necesitéis muchas indicaciones sobre el cómo
proceder en el futuro, permitidme que comparta con vosotros algunos de
mis deseos y sueños.

Sueño con un Ateneo de Cádiz que sea capaz de soñar. Que no se
conforme con la realidad que le rodea, sino que ponga lo mejor de sí
mismo, lo mejor del mucho talento de sus miembros, para encontrar
nuevos modos de estar cerca de Cádiz y de servir a Cádiz. Atreveos a
soñar otro Cádiz mejor, otro Cádiz posible, y no os conforméis con
poco. Que vuestros sueños sean, además, como decía Gandhi que eran
los suyos: "sueños que quieren hacerse realidad".

Y que no os paralicen aquellos que digan que sois unos iluminados sin
los pies en la tierra. O unos "buenistas", que creo que es lo que se
estila ahora: el "buenismo". ¡Lo que de verdad se estila por
desgracia, y ahí están sus catastróficos y criminales efectos, es el
"malismo", el malísimo comportamiento, la desvergüenza, la falta de
ejemplaridad!

Cuando os llamen soñadores, desafiadles y seguid soñando. ¡Y con más
fuerza que antes! Recordando, eso sí, las sabias palabras de George
Bernard Shaw que nos dice que hay que soñar, pero que no basta con
soñar: "Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el
tiempo: es allí donde debería estar. Ahora debes construir los
cimientos debajo de él".

Contemplad, hombres y mujeres del Ateneo de Cádiz, la realidad que os
rodea. Y tratar de comprender qué es lo que es urgente y necesario
cambiar, porque hay situaciones sociales muy malas y que hacen sufrir
mucho a las personas. También entre nosotros. Sed, hombres y mujeres
del Ateneo, de los que Italo Calvino, en "Las Ciudades Invisibles",
sitúa en el segundo grupo. Recuerdo sus palabras:

"El infierno de los vivos no es algo que será: hay uno, es aquel que
existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos
estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil
para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto
de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y
aprendizaje continuo: buscar y saber reconocer quién y que, en medio
del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio".

"Buscar y saber reconocer quién y qué en medio del infierno, no es
infierno, y hacerlo durar, y darle espacio". Y hacerlo durar, y darle
espacio.

Sed, ateneístas, de este segundo grupo. Orgullosos de que esa sea
vuestra tarea y la del Ateneo. No os lamentéis de haber sido
llamados. No hagáis eco a Hamlet, que decía: "Vivimos tiempos
desquiciados. Perra suerte. ¡Haber nacido yo para enmendarlos" ( W.
Shakespeare, Hamlet, Acto I, escena XIII).

Decíos más bien. "El hoy es malo, pero el mañana es mío".

Y decídselo, hombres y mujeres del Ateneo, a Cádiz y a sus gentes.
Decidles que habéis hecho una opción preferencial por Cádiz. Que no
vais al Ateneo a buscaros a vosotros mismos o a entreteneros en
ejercicios de puro diletantismo intelectual, sino para buscar caminos
que mejoren la calidad de vida de Cádiz y de sus ciudadanos. Decidles
que pueden confiar en vosotros, porque vosotros confiáis en ellos.

Y dejar que Cádiz os sorprenda y enriquezca. "¿Se imaginan ustedes la
sorpresa que nos llevaríamos si descubriésemos la sabiduría de una
abuela del barrio de Santa María, o la de un abuelo de Puntales o de
cualquier otro barrio de Cádiz?" (Javier Anso, Diario de Cádiz 25 de
junio 2012, "Cádiz del cuarto día"). ¿Se imaginan Ustedes la riqueza
que aportaría al Ateneo el que alguna de esas abuelas o abuelos, con
su profundo Cádiz, ingresaran como socios?



Ensanchad el espacio de vuestra sede, hombres y mujeres del Ateneo de
Cádiz. No esperéis que Cádiz vaya a buscaros: salid vosotros a su
encuentro. Llevad vuestra presencia a los barrios de Cádiz, a los
colegios de Cádiz, a las Asociaciones de Vecinos de Cádiz. Entonces,
cuando os hayan conocido y hayan disfrutado de vosotros, ellos
vendrán a la calle Ancha, a nuestra sede, y se sentirán en ella como
en casa. Enfocad de tal modo vuestro hacer y vuestras actividades que
las gentes de Cádiz sepan que pueden contar con vosotros, que pueden
optar por vosotros, porque en vosotros, y en vuestros muchos dones,
van a encontrar apoyo seguro.

Hombres y mujeres del Ateneo, socios y miembros de la Junta, sois un
formidable capital humano. Que Cádiz tenga la experiencia vívida y
cercana de que estáis a su servicio, de que estáis convencidos de que
solo el que sabe es libre, y que por eso -y sin segundas intenciones-
queréis compartir vuestro saber para que crezca la libertad. Y con
ella, la justicia.

Intentadlo, aunque al principio no será fácil. Y no lo será, porque
hemos crecido en la cultura de la desconfianza, y no acabamos de
creernos que alguien puede venir a nosotros noblemente. "Cuando la
limosna es demasiado grande, hasta el santo desconfía", se ha dicho.
Pero habrá que ir practicando y sembrando esa pedagogía de volver a
confiar en el otro. Esa es, me parece, una tarea urgente.

Nuestra sociedad necesita modelos en los que mirarse, personas de las
que fiarse, y, por desgracia, y seguro que Ustedes coincidirán conmigo
si les digo que es difícil encontrar ese tipo de personas. ¡Cuánto nos
cuesta a los educadores poner ejemplos de buenos ciudadanos a
nuestros alumnos! Es fácil hablar de Ghandi, de Luther King, y de
Mandela, pero, ¿y entre nosotros?

¿Quién goza, entre nosotros, de esa autoridad moral,- autorevolezza,
dicen los italianos en una sola y maravillosa palabra, cuando nosotros
necesitamos dos: autoridad moral- como para se haga silencio y se
preste respetuosa atención cuando esa persona habla?

Necesitamos personas así. Cádiz necesita personas así. ¿Podría ser el
Ateneo una persona así? Una persona, jurídica en este caso, que todos
saben que no se casa con nadie más que con Cádiz. Y que no se cansa
de intentar, una y otra vez, lo que cree que debe hacer. "Puesto que
nadie escucha, hay que repetirlo todo cada mañana", decía André Gide.

¿Han escuchado hablar Ustedes de los "Dollar-a-year-man"? Eran
personas, altamente cualificadas como lo son Ustedes, que, en tiempos
de grave crisis en los Estados Unidos, como la Primera Guerra
Mundial, y dado que las leyes federales prohibían que se trabajara
gratis para el gobierno, esas personas, repito, (ingenieros,
periodistas, comerciantes, antiguos políticos, etc.), se comprometían
a trabajar por un dólar al año (además de sus gastos elementales),
poniendo sus altas capacidades al servicio de la nación.

Esas personas, una leyenda, gozaron de gran prestigio porque todos
veían en ellos a personas entregadas y sin intereses ocultos, al
servicio del bien común.

Con dólar o sin dólar, ¿podría el Ateneo de Cádiz cubrir, aunque fuera
parcialmente, esa función? ¿Podría el Ateneo ser hoy ese vigía de las
torres vigías de nuestra ciudad, que, infatigablemente, día tras día,
noche tras noche, oteaba el horizonte para vislumbrar, antes que
nadie, ese barco que traía riqueza y buenas noticias a Cádiz?

¿Podría el Ateneo, con todas sus capacidades, poner al servicio de
Cádiz, de sus gentes, de sus autoridades -porque, y esto es muy
importante el recordarlo, los "Dollar-a-year-man" no eran un
contrapoder sino que colaboraban con quienes los gobernaban-, podía el
Ateneo, repito, ejercer esa capacidad de otear el horizonte y ayudar a
alumbrar puntos de encuentro en nuestra sociedad, que nos saquen o
alivien, al menos, la crisis. Y hacerlo sin protagonismo ni
segundas intenciones, posibilitando que todo aquello que pueda
mejorar Cádiz, tenga su oportunidad: "Y hacerlo durar, y darle
espacio".

Y hacerlo con calma. ¡Hay tanta crispación en torno nuestro que en
ese clima es prácticamente es imposible encontrar soluciones!
Parafraseando a San Francisco de Asís, diría: "que donde haya
discusión, discrepancia, y bronca, nosotros pongamos paz, diálogo y
sosiego".

Creando y ofreciendo espacios donde, libres de siglas y presiones
electorales, en el silencio y la discreción si fuera necesario, las
personas, los políticos -que no son sino personas que quieren servir
al bien común, y a las que debemos ayudar y exigir que así lo sean-,
puedan encontrarse, y mirarse a los ojos, y atreverse a caminar
juntas. Un espacio así, que necesitamos y no se encuentra, ¿podría
ofrecerlo, podría serlo el Ateneo?

José María Valverde se dirigiría de este modo a Dios en su "Oración
por nosotros los poetas":

"Por eso nos has puesto un lado del camino,
con el único oficio de gritar, asombrados.
en nosotros descansa la prisa de los hombres".

Ese es mi deseo para el Ateneo de Cádiz en su próxima andadura. Por lo
que me he enriquecido con él, con todos Ustedes, en estos maravillosos
seis años que he pasado en Cádiz, estoy seguro de que tanto el Ateneo
como Ustedes son capaces de intentar, y en buena medida, lograr, esos
objetivos: contribuir a que descanse la prisa de los hombres, para,
con mayor serenidad social, se pueda soñar otro Cádiz y trabajar sin
desfallecer para que esos sueños de mejora se hagan realidad.

Amparando y acogiendo a quienes, en medio del infierno, quieren
reconocer quién y qué no
es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.

Por su atención esta tarde, y, sobre todo, por su amistad durante
estos años, ¡muchas gracias!