lunes, 13 de julio de 2009

CONVERSAR UNA BOTELLA


 

 

Como es sabido, Obama nació y vivió muchos años en Hawaii. Hace poco preguntaba yo a un marianista que está destinado allí, qué pensaban los hawaianos de su Presidente. "Es uno de los nuestros", me contestó. "No es que tenga sangre hawaiana pero, culturalmente, es hawaiano". Y me contó algo. "Una cosa que nos molesta mucho a los que vivimos  aquí es que cuando vienen los del continente, andan siempre con prisa, siempre mirando el reloj, y rompiendo constantemente nuestro ritmo de vida. ¿Sabes qué es lo primero que hace Obama cuando viene a Hawaii?: quitarse el reloj. Por eso sabemos que es uno de los nuestros. Con su gesto nos está diciendo que le importamos, que tiene tiempo para nosotros".

Mientras escuchaba a mi amigo, dejé que mi pensamiento viajara hacia el sur, hasta Chile.  Allí, cuando alguien te invita a su casa y te ofrece una botella de su buen vino, no dice: "vamos a beber esta botella", sino: "vamos a conversar esta botella". El vino como pretexto y contexto para el encuentro, para recorrer juntos el camino de la amistad, para hablar con calma y sin relojes por medio, disfrutando por estar juntos.  Dejé atrás Chile, y viajé hacia el norte, a Inglaterra. Allí, cuando dices de alguien que es tu amigo, te preguntan: "¿Cuántos kilos de sal habéis comido juntos?". Porque la sal no se come por kilos, sino poco a poco, a lo largo de  numerosas, placenteras  y conversadas comidas.

En este tiempo de verano les invito y, me invito a mí mismo, a quitarnos de vez en cuando el reloj, y a conversar -con o sin botella, con o sin comida- con los amigos. Repasen esa lista a la que solemos echar mano solamente una vez al año, en Navidad, para escribir una felicitación o hacer una llamada, y hagámosla ahora, en julio o en agosto. Regalémonos tiempo para disfrutar estando juntos, la familia en primer lugar, pero también los amigos. ¡Cuánta sabiduría tenían los antiguos cuando decían: "que la hierba no crezca en el camino que lleva a la casa de tu amigo"!


CANADA

Canadá, si nos lo imaginamos cubierto de nieve y lleno de osos polares, no es, ciertamente, un tema muy veraniego; pero, como me decían unos amigos canadienses, en su país también luce el sol, de vez en cuando al menos, y playas y piscinas se llenan. Como aquí.

Canadá siempre me ha interesado: la tierra que soñaban los esclavos que, arriesgando sus vidas, huían  de los Estados Unidos en el siglo XIX; y donde encontrarían refugio miles y miles de jóvenes norteamericanos, desertores de la guerra del Vietnam. Canadá, destino actual de emigrantes y refugiados que buscan iniciar en ese hermoso país una nueva vida. Además de por su naturaleza  y su rica cultura, Canadá tiene otros muchos motivos para ser admirado y conocido.

Su  vida política, por ejemplo, no difiere mucho de la de otras naciones, salvo en algo fundamental: cuando el país enfrenta una situación de emergencia nacional, todos, partidos y ciudadanos, estrechan filas en torno a quien esté gobernando en ese momento: Canadá por encima de las siglas.  Eso se demostró de un modo ejemplar y clamoroso cuando, frente a la injerencia intolerable del presidente Bush, Canadá rechazó participar en la guerra de Irak. Algo parecido está sucediendo ahora: frente a la crisis, hay una voluntad colectiva de colaboración para evitar, por ejemplo, la pérdida  de puestos de trabajo. Y los indicadores parecen señalar que están saliendo adelante. Los canadienses aman su país, y saben que pueden confiar en su Administración. Pagan  elevados impuestos, pero, a cambio, reciben  excelentes servicios públicos. ¿Problemas? ¡Por supuesto que también los tienen, esa no es la cuestión! Lo importante es el modo cómo los abordan: es como si dijeran que algunos temas son demasiado importantes para dejarlos en manos de la política.

Cuando en nuestro verano gaditano combatamos el calor con una deliciosa sangría a la que añadamos esto o aquello para darle un toque personal, no nos olvidemos de echar una pizca de canadaditis. ¡Nos caerá mejor!



jueves, 9 de julio de 2009

CONCIERTO EDUCATIVO

¡Qué maravilla es disfrutar de un buen concierto: los músicos, tratando de sacar lo mejor posible de ellos mismos y de sus instrumentos; al tiempo que escuchan atentamente a los demás para, en común, ir logrando, entre todos, algo hermoso, unitario, y armónico! Así me gustaría que fuera el nuevo curso 2009-2010: ¡un auténtico concierto educativo!

Quiero imaginar a todos los agentes implicados en la educación -las autoridades, los alumnos y sus familias, los claustros y PAS, los medios de comunicación, etc.-, comenzando este curso con entusiasmo, ideas y ganas de hacer, cada vez mejor, su trabajo; sabiendo que - como en toda interpretación musical - el trabajo de cada uno debe estar coordinado con el de los demás.

Necesitamos ese concierto educativo para mejorar la calidad de la educación. Necesitamos dialogar para ponernos de acuerdo en qué queremos, y en cómo lo queremos. Es necesario, y está muy bien, que nos preparemos frente a la gripe A; pero sin olvidar que nuestros mayores desafíos están en la mejora de los resultados académicos y en la reducción del fracaso escolar. Y así como frente a la posible pandemia todos los sectores educativos van a coordinar sus esfuerzos, de la misma manera-¡por lo menos!- deberían hacerlo frente a los otros retos educativos.

Sin higiene y control no hay prevención de la gripe A. Del mismo modo, sin un decidido compromiso de la comunidad educativa andaluza -compromiso que deberá aterrizarse en el ámbito personal, profesional, familiar, colegial, etc.- a trabajar con más seriedad, con más responsabilidad, con más esfuerzo, en definitiva, no habrá mejora real y permanente de la calidad de nuestra enseñanza. No se logrará sin más y mejor trabajo.

Todo esto puede parecer difícil y contracultural. Podemos tirar la toalla de antemano, si queremos. ¿Podemos? ¡No, no podemos! Tenemos que interpretar muy bien ese concierto educativo porque nos estamos jugando demasiado, y porque “con las cosas de comer no se juega”.