¡GRACIAS, MANDELA!
Como la Transición española, también la que sucedió en Sudáfrica en los años 90 tiene nombres propios. Entre otros, uno indiscutible: Nelson Mandela. Entre 1948 y 1991, una minoría blanca, los afrikaners, impuso un régimen cruel y racista en Sudáfrica: el apartheid, condenado por la ONU como "crimen contra la humanidad". Desde entonces, la oposición del pueblo africano y de muchos sectores de la población (las Iglesias, entre ellos), combatieron ese sistema injusto. La sociedad internacional, como medida de presión, boicoteó el régimen del apartheid. Recordemos, incluso, que mientras duró ese sistema, Juan Pablo II no visitó Sudáfrica. Lo haría en 1995.
Elegido primer presidente democrático de Sudáfrica en 1994, hoy, Mandela, a sus 91 años, no está retirado: sigue ofreciéndose como mediador en países africanos donde haya un conflicto. En 1999 renunció a presentarse a la reelección a la Presidencia, para dedicarse a transmitir a niños y jóvenes lo que había aprendido en la vida, y contarles de qué manera, y con qué valores, merece la pena vivir.
"El País del arcoiris", la nueva Sudáfrica, no ha superado todavía sus muchos problemas, pero ha evitado una guerra civil. Como dice Mandela, hay que mirar hacia el mañana y, unirse para acabar con la pobreza. A esa unidad invita el nuevo himno nacional con estrofas en tres lenguas africanas, en afrikaner y en inglés. Dice así:
"Dios bendiga a África; que alce su gloria. Escúchanos, Señor. Bendícenos, Señor, a nosotros, tus hijos. Señor, te rogamos que protejas nuestra nación. Intervén y cesa todos los conflictos. Protégenos. Protege nuestra nación. Protege a Sudáfrica. De nuestros cielos azules, de lo más profundo de nuestros mares, sobre nuestros montes eternos donde resuenan los ecos por las peñas, suena la llamada a unirse; y unidos permaneceremos en pie. Vivamos y luchemos por la libertad. En Sudáfrica, nuestra tierra. Dios bendiga a África". ¡Gracias, Madiba, por lo que has hecho por la humanidad!
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