domingo, 20 de junio de 2010

¡No me conformo!

¡No me conformo! 

La recuerdo muy bien. En su silla de ruedas, unos setenta años, esperando las maletas. Acabábamos de llegar al aeropuerto de Roma y llevábamos un buen rato esperando el equipaje. La señora, con elegancia, tristeza, y rabia, no cesaba de decir: "¡No me conformo! ¡Como italiana no me conformo con que las cosas funcionen tan mal! ¡No acepto una Italia así!". Con coraje y dignidad proclamaba el amor que tenía a su País. "¡No me conformo!". 

¡Yo tampoco me conformo! ¡No me conformo -y no acepto- que nuestros dirigentes hayan sido incapaces de lograr un Pacto de Estado por la Educación! Y encima -¡serán adolescentes, y que me perdonen los adolescentes!- echando, como de costumbre, la culpa "al otro". ¡Menudo ejemplo! El tema es demasiado serio, y nos jugamos demasiado, como para que se permitan tirar la toalla, o decir que han llegado al límite de su paciencia. España necesita ese Pacto y ellos están donde están para conseguirlo; no para decir que no pueden hacerlo. Si no son capaces: o piden ayuda, o se retiran y dejan que otros lo intenten. Y, por favor, que no nos sigan contando la historia de un ministro bueno que no logra sacar el Pacto porque enfrente tiene a los malos que lo único que les interesa es llegar a ser ministros. ¿Hasta cuándo nos van a seguir contando la historia en blanco y negro? ¿No nos merecemos, el Sr. Gabilondo el primero, un análisis más correcto de la realidad, señalando en qué temas y por qué razones no se ha logrado el acuerdo, y qué se va a hacer para intentar conseguirlo? 

En Viterbo, de nuevo en mi amada Italia, se cuenta que tras casi un año de Cónclave sin que los cardenales fueran capaces de elegir un nuevo Papa, los ciudadanos, hartos, los encerraron en una sala haciéndolos ayunar a pan y agua hasta que hubiera acuerdo. La dieta resultó eficaz; el nuevo Romano Pontífice no tardó en llegar.

 

Señores políticos, nosotros no nos conformamos, o sea que, espabílense: o lo siguen intentando hasta lograrlo; o ya saben: ¡a pan y agua!

FIN DE CURSO

FIN DE CURSO 

A mi madre, que es una excelente cocinera, no le gusta que le digamos "gracias" cuando hemos comido lo que nos ha preparado; pero hay dos cosas que, de un modo u otro, nos reclama: que lo acabemos todo, y que le digamos que estaba bueno. "No soy santa Teresa", suele decir. 

Como a mi madre, a todos, santa Teresa incluida, nos gusta que se reconozca lo que hacemos. Por eso, al terminar el curso escolar 2009-2010, quiero recoger en esta columna la gratitud de la sociedad gaditana a quienes, en todos los colegios, han dado lo mejor de sí mismos para lograr una mejor educación de nuestros hijos, y alumnos.  
 

"El futuro del mundo pende del aliento de los niños que van a la escuela", dice un hermoso proverbio judío. Por eso es tan importante el papel de los educadores, ya sean éstos, profesores o miembros del PAS (Personal de Administración y Servicios). A lo largo de un curso puede haber, junto a los muchos aciertos, algunos desaciertos; pero por encima de todo destacan la entrega y profesionalidad de los educadores, y el respeto a los alumnos con el que desarrollan su tarea.  

 Dice el Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que el mensaje del educador al alumno no es "haz como yo", sino "hazlo conmigo". Esas palabras me recordaron las del maestro Olegario González de Cardedal cuando decía que educar es ese encuentro entre dos vidas: una que, tras años caminando, quiere compartir la sabiduría aprendida en el camino con otra vida que está comenzando. ¡Hermosa y difícil tarea!  

Nos vendría bien ser más agradecidos. Nos ayudaría si dijésemos, de vez en cuando, a los conductores de autobuses, a quienes trabajan en el mercado, tiendas o bancos, a los funcionarios y autoridades, a las amas de casa, a los sanitarios, a los curas y religiosos, a los periodistas, y a un largo etcétera, que la sociedad reconoce y agradece sus trabajos. Hoy, al fin del curso, ¡gracias a los educadores! Porque se lo merecen; y, porque, como no son santa Teresa, necesitan escucharlo.    

LEER Y SUBRAYAR

LEER Y SUBRAYAR 
 

Acabo de regresar de la Feria del Libro. ¡Qué gozada pasear en medio de tantos libros, en un marco tan hermoso como el Baluarte de la Candelaria! Confieso que, muchas veces, cuando entro en una librería, y salvo que vaya buscando un libro en concreto, me abruma el verme rodeado de tantos cientos de títulos. No sé por qué, pero en la Feria del Libro todo es distinto. Disfruto recorriendo las diversas librerías, hojeando los libros con calma, saludando a los amigos que allí siempre acabas encontrando. 

Últimamente se insiste mucho en la necesidad de fomentar la lectura entre nuestros niños y jóvenes y no me extraña, porque es mucho lo que se pierde quien no goza leyendo. Leer es dialogar. Y es vivir. Al leer se produce, de un modo casi mágico, un silencioso diálogo entre escritor y lector. Y también, y aquí hay más misterio todavía, un diálogo sereno del lector consigo mismo. Al leer, avanzamos por un camino que nos interpela, nos intriga, nos apasiona, nos emociona, nos desafía, nos hace recordar… Leer es un continuo descubrimiento, una invitación a la novedad, a la alegría de compartir una idea con otro, al gozo de recibir el regalo de una inspiración que te asombra y maravilla, y que, a veces sin saberlo, esperabas hacía tiempo. 

Yo, casi siempre, leo con lápiz. Subrayo mucho, y no solo cuando tengo ante mí un ensayo sino con cualquier tipo de libro o género literario. Cuando, tiempo después, a veces años, releo ese libro y me encuentro con párrafos que un día subrayé, ese diálogo que es la lectura se enriquece todavía más al haber tres sujetos implicados: el autor, el lector que yo fui, y el de ahora. ¿Por qué subrayé esta idea, y no esta otra? Como ven: ¡soy un apasionado de la lectura, y de los libros! Con razón los egipcios llamaban a las bibliotecas el tesoro de los remedios del alma, porque en ella se curaba la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas ellas. Por ello, si me permiten un consejo, lean mucho. Y con lápiz.

LAS SIETE GENERACIONES

LAS SIETE GENERACIONES 

El jueves 6 de mayo conoceremos las respuestas de los partidos políticos y demás agentes sociales al borrador de Pacto de Estado por la Educación que presentó hace unos días el Ministro de Educación, Don Ángel Gabilondo. 

Los partidos, sindicatos, organizaciones empresariales, asociaciones de padres, etc. reconocen avances sobre borradores anteriores, pero siguen señalando discrepancias. Aunque es difícil, ojala se logre ese Pacto: sin él, seguiremos dando bandazos, y poniendo en peligro nuestro presente y nuestro futuro. 

¿Por qué no hay acuerdo? Sin duda porque todas las partes tienen posiciones legítimas pero no siempre coincidentes. Ese no es el problema, porque lo diverso, enriquece; el problema es que cada parte convierta su posición en condición "sine qua non" para firmar el Pacto. Con posturas así no tendríamos Constitución. En 1978 se consensuó: partidos y ciudadanos aceptamos aspectos que tal vez no nos gustaban del todo por dotarnos de un texto común que, por encima de nuestras legítimas discrepancias, nos restituyera una democracia que nunca se nos debía haber arrebatado.  

Ahora también, y por un bien mayor como es el futuro de nuestro país, debemos hacer un esfuerzo de consenso por encima de lo normal. Los ecologistas dicen: "No hemos heredado la Tierra de nuestros padres; nos la han confiado nuestros hijos". Lo mismo sucede con la Educación, que no es una pesada herencia o una larga historia de conflictos; lo que hemos recibido es un depósito que nos han confiado nuestros hijos, y los suyos, y los que vengan después, para que hagamos lo posible por lograr que los hombres y las mujeres de hoy y de mañana sean felices, cultos, libres, responsables, solidarios.  

Se dice que los "salvajes" indios en América, cuando tenían que tomar una decisión muy importante, sentaban en torno a la hoguera a siete generaciones de miembros de la tribu: los que estaban vivos y los de las próximas generaciones, para escucharles y ver qué tenían que decir sobre las consecuencias que tendría sobre ellos esa decisión.  Ojalá que también quienes nos representan sean capaces de superar visiones a corto plazo y enfoquen este tema, y los demás, con esa perspectiva. Ojalá, que logremos un Pacto de Estado por la Educación que sirva tanto para el presente como para el futuro. Ojalá seamos capaces de dejar de rodear a nuestros alumnos -algunos de los cuales serán ciudadanos y ciudadanas del siglo XXII- con polémicas del siglo XVIII. ¿Es pedir demasiado el que miremos hacia delante; el que nos comportemos como los indios americanos?

PUERTA DEL SOL

PUERTA DEL SOL 

Yo, que he pasado por la Puerta del Sol de Madrid multitud de veces, pocas veces he tenido una experiencia tan fuerte de ese lugar como hace un par de semanas. Era un sábado por la tarde. El tiempo invitaba a pasear. Ocupaban la plaza cientos de personas, caminando, hablando en grupos, haciéndose fotos. Más de treinta personas disfrazadas esperaban una moneda para hacer una reverencia, o permitir una foto. Me quedé varias horas, fascinado, ante aquel teatro lleno de color, de música -había mariachis mexicanos y otros artistas-, y de armonía.  

Una vez más comprobé que son 18 las líneas escritas en el pedestal de la estatua de Carlos III; y que si se quiere conocer la historia de ese rey hay que dar 18 vueltas a la estatua. Creo que, hace años, una persona logró llegar hasta la línea 12 antes de caer mareado por tierra. Hay quien anota en qué línea se ha parado, para continuar otro día. ¡18 vueltas! ¡El mundo está lleno de genios! 

Había, también, una manifestación contra el paro. Los manifestantes, con sus consignas, intentaban atraer la atención del público. Una pareja de policías copiaba el contenido de las pancartas. Imagino su informe, con frases como "solidaridad contra el paro", "el paro es un crimen", etc. No pude evitar el recordar los tiempos en que nos contaban que había países donde la policía, en vez de atacar a los manifestantes, los acompañaba y protegía. A juzgar por los rostros de algunas personas que contemplaban el espectáculo, en sus países los policías atacan más que escriben. ¡Ojala llegue pronto, también, allí la democracia! 

Muchas cosas contemplé esa tarde, y puedo decirles que me dio esperanza el ver que tanta gente diferente fuera capaz de estar junta, en paz, y disfrutando. Por un momento me puse a soñar y deseé que las cosas fueran siempre así; y fuésemos capaces de convivir sin tanta pelea y tanta bronca. Un sueño que de nosotros depende que sea realidad, en todas las Puertas, en la del Sol, en las de Tierra, y donde sea. ¿O no?

¡GRACIAS, MANDELA!

¡GRACIAS, MANDELA! 

Como la Transición española, también la que sucedió en Sudáfrica en los años 90 tiene nombres propios. Entre otros, uno indiscutible: Nelson Mandela. Entre 1948 y 1991, una minoría blanca, los afrikaners, impuso un régimen cruel y racista en Sudáfrica: el apartheid, condenado por la ONU como "crimen contra la humanidad". Desde entonces, la oposición del pueblo africano y de muchos sectores de la población (las Iglesias, entre ellos), combatieron ese sistema injusto. La sociedad internacional, como medida de presión, boicoteó el régimen del apartheid. Recordemos, incluso, que mientras duró ese sistema, Juan Pablo II no visitó Sudáfrica. Lo haría en 1995.   

Elegido primer presidente democrático de Sudáfrica en 1994, hoy, Mandela, a sus 91 años, no está retirado: sigue ofreciéndose como mediador en países africanos donde haya un conflicto. En 1999 renunció a presentarse a la reelección a la Presidencia, para dedicarse a transmitir a niños y jóvenes lo que había aprendido en la vida, y contarles de qué manera, y con qué valores, merece la pena vivir. 

"El País del arcoiris", la nueva Sudáfrica, no ha superado todavía sus muchos problemas, pero ha evitado una guerra civil. Como dice Mandela, hay que mirar hacia el mañana y, unirse para acabar con la pobreza. A esa unidad invita el nuevo himno nacional con estrofas en tres lenguas africanas, en afrikaner y en inglés. Dice así: 

 "Dios bendiga a África; que alce su gloria. Escúchanos, Señor. Bendícenos, Señor, a nosotros, tus hijos. Señor, te rogamos que protejas nuestra nación. Intervén y cesa todos los conflictos. Protégenos. Protege nuestra nación. Protege a Sudáfrica. De nuestros cielos azules, de lo más profundo de nuestros mares, sobre nuestros montes eternos donde resuenan los ecos por las peñas, suena la llamada a unirse; y unidos permaneceremos en pie. Vivamos y luchemos por la libertad. En Sudáfrica, nuestra tierra. Dios bendiga a África". ¡Gracias, Madiba, por lo que has hecho por la humanidad!