domingo, 13 de noviembre de 2011

Hace 50 años


Ernesto Sábato, escrito argentino fallecido el pasado 30 de abril, decía en La resistencia,  una de sus obras: "Les pido que nos detengamos a pensar en la grandeza a la que todavía podemos aspirar si nos atrevemos a valorar la vida de otra manera. Les pido ese coraje que nos sitúa en la verdadera  dimensión del hombre. Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que- únicamente- los valores del espíritu nos pueden  salvar de este terremoto que amenaza la condición humana".

 

En un mundo que aplaude -aunque no de modo unánime- la opción norteamericana de preferir la venganza a la justicia, palabras como las de Sábato son imprescindibles y resisten el paso del tiempo. Porque, más que palabras, son retos. Retos que nos desafían a que nos atrevamos a pensar que podemos ser grandes si osamos imaginar el mundo de modo diferente; si tenemos el coraje de apartarnos de esa dinámica del "ojo por ojo", que solo acabará cuando todos seamos ciegos.

 

Ayer se cumplieron 50 años de ese 15 de mayo de 1961 en que Juan XXIII, al publicar su Encíclica "Mater et Magistra", se atrevió, también él,  a desafiarnos. A desafiarnos a que nos acercásemos a la realidad, viésemos cómo era, nos atreviésemos a calificarla moralmente, y, lejos de aceptarla pasivamente, nos decidiésemos a hacer algo que cambiara el rumbo de la historia. Medio siglo más tarde, mucho de lo que denunció el Papa sigue sucediendo: la enorme distancia entre pueblos desarrollados y subdesarrollados; el hambre que sufren millones de personas, la explotación de los trabajadores, de las mujeres y los niños, la carrera de las armas, etc.

 

Que nuestro modo celebrar ese aniversario sea atrevernos a pensar por nosotros mismos; a creer más en nuestras posibilidades como personas y como sociedades para hacer algo distinto y mejor de lo que hemos hecho hasta ahora. Y que sepamos exigírselo a nuestros gobernantes. Para que estemos, como seres humanos, a la altura que nos corresponde.

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