¡Hay que ver todo lo que se aprende en la consulta del dentista! El otro día, mientras esperaba, me entretuve leyendo un libro que hablaba de viajeros y exploradores. Entre otros apasionantes personajes encontré al francés Jean-Baptiste Charcot que, hace cien años, surcaba con su barco las aguas de la Antártida. Junto al valor de aquellos hombres me llamó la atención el nombre de su barco:"Pourquoi-pas?". El"¿Por qué no?" terminaría sus días, años más tarde, cerca de Islandia, donde la sed de aventuras de su capitán le había conducido.
"Pourquoi-.pas?", extraño nombre para un barco, me hizo preguntarme si tenemos en nuestra vida una actitud semejante a aquel "¿Por qué no?". ¿Tenemos el coraje de atrevernos a hacer algo arriesgado, algo que se aparte de la rutina de todos los días? ¿Tenemos el valor de emprender algo nuevo cuando lo cotidiano parece no dar más de sí? En muchas ocasiones, creo que no. Otras veces, sí que lo tenemos. Acabo de ser testigo del valor de unos padres que, por amor a su hijo, se han atrevido a tomar una decisión difícil y arriesgada: cambiarle del Colegio en el que estaba, a pesar de apreciarlo mucho, para ver si en otro nuevo algunas cosas le iban mejor al niño. ¡Chapeau! Como este ejemplo, seguro que entre nosotros, y sin tener que irnos a la Antártida, podemos encontrar y protagonizar actos semejantes.
Alvar Gómez de Castro, allá por el siglo XV, decía: "No es vencido aquel que sobre su defendimiento, no mostrando cobardía, hace lo que puede hasta que el aliento y la fuerza le falta y cae a los pies de su enemigo; que vencido es aquel que deja de obrar lo que hacer podría por falta de corazón".
Leía hace poco una frase que me gustó y no tardé en incorporar a mi colección: "Son muchos más aquellos que renuncian, que los que son vencidos". ¿Será verdad? ¿Nos faltará ese coraje de atrevernos a decir: "¿por qué no?", y ponernos en marcha? Probablemente a nuestras vidas, y a nuestra tierra, ese espíritu nos vendría muy bien.

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